Se eleva la costumbre de la lanza descalza
donde nada sobraba porque bien poco había
faltaban materiales y sustancias de diario
e incluso las ventanas no recuerdo ninguna
la entrada es desmontable en el rincón de la parra.
Esos gritos menores en veinte mil miradas
sopesadas de espíritu en falta de fraguado
en reverso de flores se encandilan las nubes
de la decencia ajusta entremetida al provecho
de suficiente calma y campea ante el desbaste.
La paciencia del trigo a la importancia se inclina
manotazos sembrados con cadencia medida
que el vocablo pausado no falsea el futuro
se encarga la perenne traslúcida verdad
de la pureza viva reflejando al culpable.
José Pómez
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