LA RETAGUARDIA

A Sánchez SE LE ACABA EL TIEMPO y hay una moción en ciernes

Vox y los aliados independentistas y abertzales de Sánchez coinciden en obstaculizar la estrategia de moción de censura de Feijóo

En La Retaguardia de este viernes 30 de Mayo, Eurico Campano analiza con Juan Manuel Cepeda qué harían o podrían hacer los diferentes partidos políticos si el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo presentase una moción de censura.

El clima político en España vuelve a teñirse de tonos intensos. A finales de mayo de 2025, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha ofrecido presentar una moción de censura si los socios de Pedro Sánchez que apoyaron la moción contra la corrupción que presentó Sanchez en 2018, apoyasen la suya contra la corrupción actual. Sin embargo, el giro inesperado ha llegado desde los flancos más alejados del espectro parlamentario: VOX, por un lado, y los socios independentistas y etarras del Ejecutivo socialista, por otro, coinciden –por motivos muy diferentes– en su negativa a respaldar cualquier maniobra que refuerce la posición de Feijóo.

El PP evita la moción: presión cruzada y estrategia calculada

La decisión de Feijóo no es casual. La dirección nacional del PP ha dejado claro que solo plantearía una moción si existiera una mínima posibilidad de éxito; es decir, si lograra atraer apoyos entre los socios habituales del Ejecutivo, como Junts o el PNV. Pero esos puentes están dinamitados desde hace meses, y Génova descarta cualquier movimiento mientras la aritmética parlamentaria siga siendo tan adversa.

En palabras llanas: Feijóo no quiere arriesgarse a protagonizar un nuevo “circo” parlamentario como los vividos durante las dos mociones anteriores impulsadas por Vox, que acabaron fracasando estrepitosamente. En la última, el propio PP optó por la abstención y recibió críticas tanto desde la izquierda como desde su derecha política.

En este contexto, VOX ha subido el tono contra el PP. El partido liderado por Santiago Abascal acusa a los populares de “sostener” al PSOE mediante pactos institucionales y reclama a gritos una moción de censura inmediata. Ignacio Garriga, secretario general de Vox, ha calificado la manifestación convocada por Feijóo para el 8 de junio como “un acto de partido”, exigiendo al líder popular que deje “de estafar” a los españoles y presente una alternativa política real.

El problema para Vox es aritmético: tras las últimas elecciones generales solo cuentan con 33 diputados, lejos del mínimo legal (35) para registrar una moción por sí mismos. Por tanto, su estrategia pasa necesariamente por presionar al PP para que dé el paso –y así evitar que su discurso quede relegado a gestos simbólicos o a protestas en la calle.

Los socios separatistas y etarras: veto compartido

Mientras tanto, desde el bloque que sustenta al Gobierno –conformado por partidos golpistas catalanes y separatistas vascos– hay un rechazo frontal a cualquier acercamiento al PP. Junts y PNV han cerrado filas con Sánchez y descartan apoyar cualquier maniobra parlamentaria auspiciada desde Génova. La desconfianza es mutua y total; ni siquiera se contempla un tanteo privado entre Feijóo y estos grupos.

Esta situación provoca un fenómeno curioso: Vox y los socios más radicales del Gobierno coinciden tácticamente en oponerse a una vía parlamentaria que podría poner en jaque la estabilidad del Ejecutivo socialista. Eso sí, lo hacen movidos por intereses antagónicos.

Un triángulo político inédito

El resultado es un escenario insólito:

  • Vox exige acción inmediata contra Sánchez pero no tiene fuerza suficiente.
  • El PP evita lanzarse sin apoyos amplios para no alimentar el discurso victimista del PSOE.
  • Los socios etarras e independentistas actúan como muro de contención para blindar al Gobierno.

Esta triple pinza deja a Feijóo en tierra de nadie: ni logra capitalizar el malestar social creciente ni puede presentarse como alternativa real en el Congreso sin quedar aislado junto a Vox.

“La pelota está sobre el tejado de los socios de Sánchez”, repiten fuentes populares. Pero esos socios juegan en otra liga: su prioridad sigue siendo mantener vivo al actual Ejecutivo para negociar sus propias agendas.

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