Tensión diplomática por el gasto militar y las presiones internas

Sánchez monta el pollo en la cumbre de la OTAN para intentar apaciguar a Bildu, ERC y sus socios antisistema

El presidente rechaza el 5% de gasto en defensa que exige la OTAN y busca equilibrar el pulso internacional con las demandas de Bildu, ERC y otros aliados críticos

Sánchez (PSOE), la OTAN y los gastos de Defensa de España
Sánchez (PSOE), la OTAN y los gastos de Defensa de España. PD

La próxima cumbre de la OTAN en La Haya —prevista para los días 24, 25 y 26 de junio— se presenta como una tormenta perfecta para Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno ha decidido rechazar frontalmente la nueva exigencia aliada: aumentar el gasto militar al 5% del PIB antes de 2032.

La decisión, trasladada en una carta al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, incendia el debate internacional y tensiona aún más su relación con los socios internos más críticos con el atlantismo, como Bildu, ERC y otros grupos que sostienen al Ejecutivo.

La coyuntura internacional no puede ser más compleja: rearme acelerado en Europa, presión directa de Estados Unidos —especialmente del entorno de Donald Trump— y un contexto nacional marcado por la debilidad parlamentaria del Gobierno. Sánchez busca así un difícil equilibrio entre las demandas de sus socios antioccidentales para asegurar sus apoyos y las expectativas aliadas, con un ojo puesto en la estabilidad política interna y otro en la imagen exterior del país.

Una carta que revela contradicciones: claves del desencuentro con la OTAN

En su misiva a Rutte, Sánchez califica el objetivo del 5% como “incompatible”, “irrazonable” y “contraproducente” para España. Argumenta que asumir esa cifra supondría poner en riesgo el Estado del bienestar, afectar los servicios públicos y forzar sacrificios inaceptables para la clase media. El presidente defiende que cada gobierno debe mantener la soberanía sobre sus prioridades presupuestarias, proponiendo además una “fórmula flexible” que haga opcional este compromiso o incluso excluya a España de su aplicación.

En palabras de Sánchez: “España no puede comprometerse en esta cumbre con un objetivo específico de gasto en términos de PIB”. En los hechos, el Ejecutivo español mantiene su compromiso con alcanzar el 2% del PIB —como se pactó en Gales 2014— pero no está dispuesto a ir más allá. De hecho, según datos oficiales recientes, España sigue siendo el socio que menos invierte en defensa dentro de la Alianza: solo un 1,3% del PIB en 2024.

Esta posición choca frontalmente con el nuevo rumbo marcado por la OTAN. El propio secretario general, Mark Rutte, ha insistido en que las nuevas amenazas exigen un salto cuantitativo en inversión militar. Para España, llegar al 5% supondría destinar unos 80.000 millones de euros anuales a defensa, una cifra vista como desproporcionada desde Moncloa.

La presión estadounidense: “todos deben cumplir”

El rechazo español ha tenido respuesta inmediata desde Washington. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha recordado públicamente que “todos los países, incluido España, tienen que destinar el 5 % [del PIB] a defensa”. El mensaje es claro: Estados Unidos considera injusto seguir asumiendo el grueso del esfuerzo común mientras sus socios europeos —y especialmente España— mantienen niveles muy inferiores.

La administración Trump ha endurecido aún más este discurso. No solo pide el cumplimiento estricto del nuevo objetivo; lo presenta como condición sine qua non para mantener el respaldo estratégico estadounidense a Europa. El embajador estadounidense ante la OTAN advirtió recientemente que “la paz a través de la fuerza no significa nada menos” que ese 5%, y que dejará de ser una sugerencia para convertirse en una obligación real.

Esta presión no afecta solo a España; otros países como Reino Unido también han pedido retrasar varios años este objetivo alegando dificultades económicas similares. Pero Sánchez queda especialmente expuesto al liderar el bloque más reticente dentro del club atlántico.

Consumo interno: apaciguar a Bildu, ERC y los socios antioccidentales

Más allá del pulso internacional, esta postura tiene claras repercusiones internas. El Gobierno depende parlamentariamente de fuerzas como Bildu, ERC o Sumar, todas ellas abiertamente críticas con cualquier aumento significativo del gasto militar o la vinculación estratégica con Estados Unidos. El rechazo al 5% se interpreta como un gesto destinado a apaciguar estos apoyos imprescindibles para la supervivencia legislativa del Ejecutivo.

En las últimas semanas, figuras relevantes como Ione Belarra (Podemos) han acusado abiertamente a Sánchez de “no tener agallas” para enfrentarse a la OTAN y ceder ante “el rearme criminal impuesto por Trump”. Al mismo tiempo, desde Moncloa se insiste en defender una “posición propia y valiente”, presentando a España como garante del equilibrio entre defensa colectiva y Estado social.

Sin embargo, esta estrategia implica tensar aún más las costuras europeas. Otros socios comunitarios observan con preocupación cómo España se desmarca abiertamente del consenso atlantista justo cuando crecen las amenazas externas.

¿Hacia dónde evoluciona este pulso?

El choque abierto entre Moncloa y Bruselas deja varias incógnitas sobre la mesa:

  • ¿Logrará Sánchez mantener su posición sin quedar aislado dentro de la OTAN?
  • ¿Hasta qué punto puede permitirse desafiar abiertamente a Estados Unidos cuando Washington amenaza con reducir su compromiso militar si Europa no eleva su esfuerzo?
  • ¿Qué impacto tendrá este pulso sobre la estabilidad interna española? ¿Aguantarán los apoyos críticos si perciben cesiones futuras?

Por ahora, Sánchez parece apostar todo al equilibrio imposible: mostrar firmeza ante Washington mientras envía señales tranquilizadoras a sus socios antioccidentales. Pero cada paso aumenta el riesgo de fractura interna e internacional.

El desenlace dependerá tanto de las negociaciones diplomáticas previas a La Haya como de las tensiones políticas domésticas. Lo único claro es que España llega a esta cumbre bajo máxima presión externa e interna —y que cualquier movimiento será observado con lupa tanto dentro como fuera del país.

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