XENOFOBIA, INTOLERTANCIA, VIOLENCIA Y ODIO EN LA CATALUÑA INDEPENDENTISTAS

‘La ley del Embudo en Cataluña’: El facineroso del disparo al helicóptero de los Mossos, en libertad y acusado sólo de desórdenes

'La ley del Embudo en Cataluña': El facineroso del disparo al helicóptero de los Mossos, en libertad y acusado sólo de desórdenes
Francisco López Gómez, el violento CDR indepe ataca a un guardia civil de paisano. PD

La única ley que parece aplicarse en la Cataluña independentista es la siniestra ‘Ley del Embudo’.

Un ciudadano, respetando todas las normas, intenta avanzar por una avenida donde campan a sus anchas los violentos CDR y los Mossos no le ayudan, sino que le piden la documentación, lo identifican, le amenazan y le ordena dar media vuelta.

Los ‘indepes’ dejan heridos a más de 200 policías, rompen mobiliario, saquean tiendas, incendian contenedores y pegan palizas al ciudadano que ose discrepar abiertamente y entre rejas no hay ni un centenar de facinerosos.

Pero cambian las tornas y una banda de españolistas planta cara a los CDR y endosa una mano de palos a uno de ellos y la Generalitat moviliza todos sus efectivos para atrapar a los pegones y el juez de turno hace horas extra para mandarlos a la cárcel.

Y mientras Quin Torra, en lugar de exigir que se arreste a violentos, incendiarios y saqueadores, insta a que se investigue urgentemente que elementos de los Mossos cargaron contra manifestantes ‘indepes’, dejan en libertad provisional con la única obligación de comparecer cada dos semanas ante el juzgado, al facineroso que lanzó artefáctos pirotécnicos contra el el helicóptero de la Policía Autonómica catalana, poniendo en riesgo la vida de los agentes que iban a bordo.

En la Cataluña independentista, atacar con un cohete  el helicóptero de los Mossos durante los disturbios de Barcelona, no parece ni siquiera censurable.

Este 23 de octubre de 2019 ha quedado en libertad provisional con la única obligación de comparecer cada dos semanas ante el juzgado.

Los CDR independentistas incendian barricadas en el centro de Barcelona.

Está acusado de desórdenes públicos y atentados a la autoridad, delitos menores frente a la tentativa de homicidio que le atribuyó la policía catalana y por el que la Fiscalía había solicitado su ingreso en prisión.

El activista independentista había sido detenido el lunes y este miércoles ha comparecido ante el juez de guardia de Igualada (Barcelona), que ha acordado inhibirse a favor de los juzgados de Barcelona, encargados de investigar el ataque porque sucedió en la capital catalana.

El lanzamiento del cohete contra el helicóptero de los Mossos es una de las imágenes más sorprendentes que dejaron los disturbios desencadenados la semana pasada por el movimiento separatista en Barcelona y otras ciudades de Cataluña.

El autor del disparo, Francisco López Gómez, tiene antecedentes policiales por numerosos delitos: por robo con fuerza en Canet de Mar (en unas diligencias instruidas el 2 de junio de 1994), por resistencia y desobediencia en Igualada (donde residió entre 2003 y 2005) y por denuncia falsa en Barcelona. El Juzgado de lo Penal número 21 de Barcelona dictó una orden de búsqueda contra él el 11 de agosto de 2001.

Los manifestantes indepes se chotean de los Mossos en el Aeropuerto de El Prat de Barcelona.

Sin embargo, el más importante de todos sus antecedentes es la salvaje agresión a un agente de la Policía Nacional que el año pasado se manifestaba en Barcelona para exigir la equiparación salarial. Como se puede apreciar en las imágenes que publicó OKDIARIO el 29 de septiembre de 2018, se ve cómo un violento con una estelada la emprende a puñetazos contra uno de los manifestantes de Jusapol.

Entre gritos de «¡fascista!» o «¡hijo de puta!», un grupo de radicales independentistas lanzan objetos y agreden a un policía, de avanzada edad, a quien protege una persona que se lleva una buena ristra de golpes, patadas y puñetazos. Un acompañante del agente -en las imágenes, con camiseta roja- también resultó agredido.

Al ver las agresiones, los Mossos se vieron obligados a intervenir, pero no pudieron más que disolver el tumulto que se formaba al paso del agente, a quien se le ve recibir los golpes sin decir absolutamente nada. Los cobardes, una vez llegan las fuerzas policiales, no tardan más que milésimas de segundo en huir.

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