Reconoce los siete pagos con billetes, "algunos de 500 euros", que no declaró el PSOE

Tribunal Supremo: Koldo se inmola por Ábalos y coincide con Aldama en la ‘Caja B’ del PSOE

Las acusaciones ven un pacto de no agresión de Koldo con Sánchez y su cuadrilla: «Controlan la Fiscalía y le pueden excarcelar por enfermedad»

Koldo
Koldo. PD

Koldo García entró este jueves, 30 de abril e 2026, en el Tribunal Supremo dispuesto a ser el escudo de José Luis Ábalos.

Más de ocho horas de declaración en las que negó haber recibido «ni un euro» de Aldama, desmintió las comisiones millonarias, rechazó los viajes pagados, atribuyó a cuestiones burocráticas lo que los investigadores describen como la arquitectura de una trama y se presentó ante el tribunal como un simple asistente que «aliviaba la carga» a su jefe.

«¿Cómo voy yo a decidir sobre la compra de mascarillas?», preguntó al fiscal con una naturalidad que en el contexto de los cinco informes de la UCO resulta difícil de sostener.

Pero en medio de ocho horas de negaciones, Koldo dijo una cosa que no pudo negar porque ya estaba documentada: hubo pagos en efectivo del PSOE con billetes de 500 euros, los llamados «chistorras», que nunca fueron declarados al Tribunal de Cuentas.

Las «chistorras» que el PSOE no declaró

La abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, expuso ante el tribunal siete pagos en billetes que no aparecen en las cuentas oficiales del partido, correspondientes a documentos de 2017 y 2018. Al menos 7.088 euros más de lo que Ferraz había certificado. Un anticipo sin liquidar de 500 euros en febrero de 2018. Billetes de 500 euros confirmados como «chistorras», contradiciendo lo declarado por el exgerente Mariano Moreno.

El apodo «chistorras» para los billetes de 500 euros no es un detalle anecdótico. Es el lenguaje interno de una organización que manejaba dinero en efectivo con suficiente regularidad como para tener jerga propia para denominarlo.

Esta revelación coincide exactamente con lo que Aldama describió el día anterior: ingresos procedentes de constructoras y contratos públicos que entraban en la estructura del partido, y salidas en sobres y efectivo. Juntos, el testimonio de Aldama y la admisión de Koldo sobre las «chistorras» esbozan un esquema de dos fases: dinero que entra a través de comisiones en contratos públicos y dinero que sale en metálico sin rastro contable.

El PSOE niega cualquier financiación ilegal. Sus propias cuentas, contrastadas con la documentación que el tribunal tiene sobre la mesa, cuentan una historia diferente.

La estrategia del escudero

Koldo negó sistemáticamente cada una de las acusaciones concretas de Aldama. Los pagos mensuales: mentira. Los viajes del hermano pagados por el empresario: «fue por una chica de Tinder». El contrato para Jéssica Rodríguez, expareja de Ábalos: «Solo pasé un currículum». El contacto con Sánchez desde Moncloa: inexistente.

Pero la pregunta que las defensas no pueden responder satisfactoriamente es por qué un simple facilitador de agendas y alojamientos enfrenta una petición de 19,5 años de prisión de la Fiscalía Anticorrupción, que lo describe como el «alter ego» de Ábalos y el transmisor de sus decisiones dentro del Ministerio de Transportes.

La Fiscalía considera que su función no era aliviar cargas administrativas. Era ser el canal entre el poder ministerial y los empresarios que pagaban para acceder a él.

Un caso sin precedentes en la democracia española

Analíticamente, nunca se había visto en España un caso de corrupción tan abrumador como el que ya define al llamado sanchismo. Con tantas ramificaciones. Con tantas complicidades. Con tantas pruebas sonoras, audiovisuales y documentales acumuladas en expedientes judiciales que abarcan desde el Tribunal Supremo hasta la Audiencia Nacional.

El caso Koldo o caso Mascarillas es solo una de sus partes. Pero toda una época está sentada en el banquillo moral de la justicia y muy pronto lo estará en distintos tribunales por las más lamentables tramas, muchas de ellas yuxtapuestas y sincronizadas.

En el caso concreto que el Supremo juzga ahora, todo parece visto para sentencia desde hace tiempo por la contundencia de las investigaciones y los testimonios de la UCO. Parece improbable, por no decir imposible, que Ábalos, Koldo y, en menor medida, Aldama no vayan a conocer en pocas semanas un fallo condenatorio.

Con una diferencia fundamental entre ellos. Ábalos y Koldo eran delegados de Sánchez que ostentaban cargos y empleos públicos gracias al PSOE. Aldama, por el contrario, era un ciudadano sin representación que ha decidido colaborar con la justicia, aceptar el castigo, reconstruir la trama y pedir disculpas.

El paisaje global del sanchismo

Lo más relevante, al final, es que todo este bochorno describe el paisaje global de Sánchez y explica su trayectoria.

Koldo, Ábalos y Cerdán conforman el equipo fundacional del presidente actual. Los que le ayudaron a asaltar el PSOE en las primarias de 2017. Los que afinaron la moción de censura contra Rajoy. Los que lograron una investidura construida sobre un cambalache con todos los enemigos de la España constitucional.

A todos ellos Sánchez los promovió, los utilizó y los protegió. Y todo lo que hicieron, más allá de la política, lo pudieron hacer en distintos ámbitos económicos gracias al visto bueno y a la complicidad, por acción u omisión, de ministros, comunidades autónomas y la propia Moncloa.

Vender mascarillas defectuosas a precio de oro durante una pandemia. Lograr contratos de obra pública para empresas sin capacidad técnica. Favorecer rescates millonarios con dinero público. Obtener licencias para comercializar hidrocarburos. Nada de eso habría sido posible sin la complacencia del propio presidente o de sus delegados directos.

Que Koldo conociera a Ábalos siendo su conductor en las primarias del PSOE y acabara como el hombre que decidía qué empresas accedían al ministro y qué contratos se firmaban no es una anécdota. Es la historia completa del sanchismo resumida en una sola trayectoria personal.

La sentencia política que ya es firme

El juicio actual acabará de una manera que los indicios apuntan con claridad. Pero la sentencia política condenatoria para Pedro Sánchez ya es firme desde hace mucho tiempo.

Un presidente que mantiene a su esposa procesada por cuatro delitos, que tiene a su número dos en el banquillo con petición de 24 años, que tiene a su exsecretario de Organización investigado por comisiones millonarias, que tiene a los investigadores de la Guardia Civil señalándole en sede judicial como el número uno de la organización, y que sigue en La Moncloa como si nada de eso tuviera que ver con él, representa algo que la democracia española no había visto antes.

De no ser un inmoral sin precedentes en la historia política española, Pedro Sánchez ya habría dimitido.

Las «chistorras» siguen en los expedientes judiciales. El dinero negro del PSOE está documentado. Y el hombre que lo permitió todo sigue gobernando.

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