Narcotráfico y terrorismo


MADRID, (ABC)

Obama enviará esta primavera otros 17.000 soldados a Afganistán. Eso significa que EE.UU. incrementa en un 50% su presencia militar en el país de los talibanes, donde tiene ya 36.000 hombres y que el nuevo presidente asume como suya una guerra cuya marcha criticó cuando era candidato.

La decisión entraña riesgos políticos considerables, porque ha sido adoptada antes incluso de comenzar a retirar tropas de Irak, como prometió en campaña. La pregunta que se hacen en muchas capitales europeas es cuánto tardará el nuevo inquilino de la Casa Blanca en exigir a sus aliados que incrementen sus contingentes y se fajen en los combates.

Estoy convencido de que la idea no le hace la menor gracia a Zapatero. Y no porque esté enfangado con la crisis o porque pone en solfa su evanescente Alianza de Civilizaciones, sino porque la cosa va en serio.

Hace un par de semanas, el general John Craddock, comandante de las fuerzas norteamericanas en Europa, anunció que a partir de ahora se disparará sin contemplaciones contra los que suministran pasta de opio a los laboratorios de la zona fronteriza con Pakistán, donde se fabrica la heroína.

El secretario general de la OTAN, el holandés Jaap de Hoop Scheffer, ya ha adelantado que la decisión es acorde con la legalidad internacional, pero que no se forzará a participar en la tarea de cortar el nexo entre narcotráfico y terrorismo a aquellas naciones que no deseen hacerlo.

Me apuesto lo que quieran a que España estará en la lista de países que no arriman el hombro. Y que La Moncloa y la ministra Chacón nos venden el asunto como una muestra de cordura y no de insolidaridad.

Los periodistas, que no siempre somos ocurrentes, hemos acuñado muchos tópicos sobre Afganistán. Y uno de ellos, que los fanáticos de las barbas y los turbantes son invencibles.
No es verdad. Los rusos, bajo cuyo hierro cientos de miles de afganas se quitaron el velo y trabajaron como enfermeras, funcionarias o maestras, lo hubieran logrado si no se hubiera metido por medio la CIA financiando islamistas y armando a facinerosos.

Para vencer hay que proponérselo, como parece tener claro Obama.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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