Julia Navarro – Escaño Cero – Nuestra Europa.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

El «sí» de Irlanda al Tratado de Lisboa está pasando con más pena que gloria y no sólo porque aún esté pendiente el «sí» de Chequia al Tratado.

El caso es que desde que la crisis económica se hizo presente como un tsunami las cosas de Europa han pasado a un segundo lugar en las preocupaciones de los ciudadanos y, sin embargo, la existencia de la Unión es lo que está haciendo posible que, pese a todas las dificultades, los países de la UE aguanten en mejor disposición que si cada uno tuviera su propia moneda. No quiero ni pensar qué hubiera sucedido en España si aún continuáramos manejando la peseta.

Por eso me llama la atención que la UE se este desdibujando y que el resultado del referéndum en Irlanda apenas haya concitado comentarios, como si hubiese dado lo mismo el resultado. Ahora, además del euroescepticismo del presidente checo Václav Klaus, los «tories» británicos vuelven a lanzar andanadas al Tratado de Lisboa, tanto que su líder, el flamante David Cameron ha prometido un referéndum sobre el Tratado si gana las elecciones, algo más que probable si nos atenemos a lo que auguran las encuestas.

Pero si nos preguntamos por qué la Unión Europea continúa sin consolidarse, la respuesta es que además de intereses foráneos de quienes no quieren una Europa con voz única y fuerte, está también la responsabilidad de los propios partidos miembros de la Unión que no quieren perder más soberanía porque cada cual tiene sus propios intereses geoestratégicos.

Quizá, también la Unión ha crecido demasiado, acelerando la incorporación de países que aún no estaban suficientemente preparados. Tampoco hay que olvidar que los líderes europeos, salvo quizá el caso de Rodríguez Zapatero, tienen una fuerte componente nacionalista y si bien apuestan con firmeza por una Unión Europea económica, no lo hacen tanto por una Unión Europea política. El presidente Sarkozy y la canciller Merkel son los dos principales dirigentes europeos y ninguno de los dos está dispuesto a rebajar el papel de sus respectivos países en el concierto mundial en favor de la UE.

Pero a pesar de todas las dificultades e inconvenientes, la verdad es que la UE es un gran invento, y eso que a estas alturas seguramente hay más euroescepticos que apasionados europeístas. Poco es mejor que nada.

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