Esther Esteban – Más que palabras – Don Vito.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Don Vito. ¡Corleone!, claro, era un villano, un hombre sin escrúpulos al que la impresionante interpretación de Al Pacino, en el Padrino nos presentó como alguien cercano y humano para quien la familia era una excusa. Una excusa para asesinar, extorsionar, robar, prostituir y corromper a cuantos se cruzaban en el camino. Nuestro Don Vito, el del PP -nombre con el que aparece Francisco Correa en la contabilidad «B» del caso Gürtel- también es un buscavidas sin escrúpulos que junto a su amigo «el Bigotes» corrompieron a significados dirigentes del PP que aceptaron lujosos regalos, dinero o favores a cambio de contratos dentro y fuera del partido. La lectura del sumario del caso -cuyo secreto ha sido levantado en parte- ofrece un retrato devastador de los protagonistas de esta trama y algunas de las grabaciones que constan en el mismo rozan el esperpento sino fuera por el trasfondo de corrupción en el que aparecen personajes como Barcenas, Sepúlveda, López Viejo, Ricardo Costa y otros que presuntamente se prestaron a los turbios y oscuros manejos de Don Vito.

Mariano Rajoy tiene ahora la pelota en su tejado. Tiene que depurar responsabilidades políticas y no valen excusas como afirmar que su partido las depurará sin concretar cuáles y cuándo. A diferencia del montaje de Filesa, una trama que se montó con el objetivo específico de financiar ilegalmente al PSOE, lo que hemos conocido del Caso Gürtel -hasta ahora- pone en evidencia que en este asunto eran determinados personajillos los que utilizaban al PP para lucrarse. Sin embargo muchos sostienen que lo peor está por llegar y que las evidencias de una financiación irregular son el plato fuerte de los mas de 30.000 folios del sumario que aun nos es desconocido. Sea como fuere, Mariano Rajoy no tiene excusa para la inacción, porque al margen de lo que diga la justicia y se ventile en los tribunales un partido político no puede tener en su seno a personas de este pelaje y mucho menos si ocupan cargos de responsabilidad y forman parte de sus candidaturas. El PP es demasiado fuerte, demasiado potente. Tiene más de 700.000 militantes honrados y 10 millones de votos que ni se merecen ni pueden consentir que el fantasma de la sospecha se extienda por toda la organización. No es que Esperanza Aguirre con su determinación de expulsar del grupo parlamentario a los diputados imputados haya puesto en evidencia a su líder, simplemente ha conectado con lo que reclaman los ciudadanos: acciones rápidas ejemplares y ejemplarizantes. Quienes están dando muestras de deslealtad ¡quien lo iba a decir! es Camps y su gente a quien se les ha pedido contundencia desde Génova y no han movido ficha.

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