José Cavero – Solidaridad con Haití


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Desde el momento en el que se tuvieron las primeras noticias sobre la tragedia que está asolando Haití, muchísimos ciudadanos, países, instituciones bancarias o médicas, han reaccionado de manera solidaria. La foto del momento la han proporcionado los bomberos españoles que acudieron a Puerto Príncipe y tuvieron la fortuna de rescatar a un niño de dos años. El bombero se llama Oscar Vega, es de Valladolid, tiene 32 años, trabaja en el Cuerpo de Bomberos de Castilla y León y, de algún modo, y dentro de la tragedia global que el terremoto ha significado para los haitianos, Oscar ha sido un privilegiado con su actuación profesional en la salvación de Reginald.

Las ayudas del primer momento de tragedias como ésta suelen resultar cruciales, de vida o muerte, y la temprana llegada de las ayudas españolas, con bomberos y perros adiestrados, han significado la vida de muchos ciudadanos a quienes el movimiento de la tierra les había dejado sepultados, muchos de ellos para siempre. Los países, muchos gobiernos, están reaccionando con generosidad ante los miles de dramas que proporciona un país, Haití, perseguido históricamente por la desgracia de sus pésimos gobernantes y de sus también pésimas circunstancias sociales y económicas.

Por fortuna, asistimos a una especie de puma entre los distintos gobiernos del mundo para ver «quién da más», qué hace la mayor aportación, en aportaciones humanas o de medios materiales. Desde los miles de millones de las grandes potencias a los pocos euros del bíblico «óbolo de la viuda», todo es válido, en esa colecta mundial que se viene produciendo. Unos aportan portaaviones con desaladoras de urgencia, y otros perros capaces de averiguar dónde hay personas sepultadas por los escombros. Ahora falta organizar la ayuda internacional, y no permitir que, una vez más, unos cuantos desaprensivos hagan su propio negocio personal particular con la caridad, solidaridad y aportación de muchos.

Después de todo, Haití es el ejemplo de que la solidaridad de los países ricos o menos pobres podrían terminar con las necesidades del mundo…, si se lo propusieran seriamente y de una vez. Actuando con ese propósitos de resolver la situación crítica de muchos ciudadanos del mundo, generalmente olvidados en muchos países desafortunados y con dirigentes inconvenientes.

Por lo demás, estos días se han dado a conocer algunas iniciativas de organizaciones de consumidores que hacen un llamamiento a las entidades bancarias con el fin de que no cobren comisiones por las transferencias a las cuentas destinadas a recibir donativos para las víctimas del terremoto de Haití. En anteriores catástrofes humanitarias, como la provocada por el «tsunami» de Sumatra de finales de 2004, ya fueron detectadas esta clase de prácticas deshonestas e inmorales, y logró impedir el cobro de estas comisiones, por lo que pide a las entidades que no aprovechen las circunstancias y no intenten enriquecerse por el notable incremento de transferencias. En el caso de que ya se hayan cobrado comisiones por este tipo de operaciones, es evidente que bancos y cajas debieran reembolsar el dinero que de manera inadecuada se ha cobrado a esos clientes, por más que las entidades bancarias pretendan justificar el cobro de estas comisiones sosteniendo que sus aplicaciones informáticas no disciernen entre transferencias solidarias y normales. El aprovechamiento «pícaro» en situaciones extremas como ésta sólo puede ser demostración de maldad intrínseca. De perversidad suprema.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído