Luis del Val – Asuntos intestinales.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Cualquier aficionado a los telefilmes policiacos sabe que en Estados Unidos a la unidad que desde el propio organismo vigila a los policías se le denomina «Asuntos Internos». En España se le llama con otro nombre, pero podría encuadrarse en el organigrama con la apelación de Asuntos Intestinales, debido a la gran cantidad de porquería que parece existir en su seno, a la vista de la persecución a la que han sido sometidos los policías que investigaban el caso Interligare. Ante la pregunta de quién vigila a los policías, la respuesta de libro está en los policías que se ocupan de esos asuntos internos, pero el problema llega cuándo lo que nos planteamos, en un segundo estadio, es quién vigila a los vigilantes de los vigilantes.

Está claro que en la lucha antiterrorista hay funcionarios que poseen una información muy apreciada por cualquiera que sea el ministro de Interior, pero de eso a permitir que espíen al partido del que procede el propio ministro es un trecho demasiado largo como para pasar inadvertido.

El esperpento de contemplar a los policías del ministerio, no volcados en la investigación de un caso que tiene todos los aromas intestinales que produce una mala digestión de espionaje, sino entusiasmados con perseguir y cesar a los que ha descubierto el delito es una de esas pantomimas que el inteligente Jorge Fernández Díaz no se puede permitir, porque quedaría como un tonto o como un cómplice, sin ser ninguna de las dos figuras.

A mí nunca me cayó bien Harry el Sucio, porque va en contra de las más elementales bases de la democracia, pero cuando los sucios son los que persiguen a Harry, porque la porquería ha pringado a una parte de la cúpula de Interior, es inevitable una operación de limpieza urgente, mientras el espectáculo de los que se enfadan con un párroco por ocupar la calle con una procesión, y miran hacia otro lado ante este asalto a las libertades produce la desoladora sensación de que un partidista es capaz de decir que la mierda huele mucho mejor que el chanel número cinco.

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