Rafael Torres – Al margen – Dimitir no es un nombre ruso.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Al parecer, alguien ha escrito en un muro de Sevilla lo siguiente: «Dimitir no es un nombre ruso». En efecto, los políticos españoles confunden, y todo parece sugerir que deliberadamente, dimitir con Dimitri, y como no saben ruso (ni francés, ni inglés, ni un español correcto en tantos casos), no dimiten. Así, por ejemplo, cuando Ana Botella oye la palabra dimitir, se hace la sueca, pues el sueco, en estos casos, es el idioma que sirve figuradamente para no entender ninguno. La alcaldesa de Madrid, máxima responsable por razón de su cargo de la pésima actuación del Ayuntamiento en la tragedia del Madrid Arena, recinto de su propiedad y bajo su gestión, tal vez suponga que solo pueden removerla de su despacho los que la eligieron, pero como resulta que no la eligió nadie, bueno, sí, Gallardón antes de entregarse al encarecimiento de la Justicia y a la implantación de la cadena perpetua, pues se queda esperando tan tranquila el suceso que no ha de sobrevenir.

Otro que se hace un lío entre dimitir y Dimitri es Durán i Lleida, presidente del comité de gobierno de Unió Democrática de Catalunya y presidente del grupo parlamentario de Convergencia i Unió en el Congreso de los Diputados. El «caso Pallerols» de financiación ilegal de su partido, que desvió a sus arcas los fondos destinados a la formación de los trabajadores en paro, sustanciado finalmente en un enjuague legal de reconocimiento de culpa, devolución de algún dinero y pelillos a la mar, le suena, pese a su crucial responsabilidad en el feo caso, a Dimitri, pero no es la primera vez, ni mucho menos, que sus faltas le suenan a eso: cuando llamó vagos a los jornaleros andaluces, tampoco oyó dentro de sí la palabra dimisión.

El único que últimamente ha dimitido de algo, José Luis Baltar, que ha sido presidente de la Diputación Provincial de Ourense desde que el mundo es mundo y que ejerció en ella su cacicazgo sin tasa porque las diputaciones se prestan mucho a eso, porque a su partido le parecía de lo más natural y porque la Fiscalía no actuó contra él hasta ahora, resulta que no vale para el cómputo de las dimisiones: ya dejó la Diputación hace cosa de un año (ahora está su hijo) y sólo ha «dimitido» de su militancia en el PP, un acto que, si bien libera formalmente un poco a su partido de la peripecia judicial, no deja de ser más de Dimitri que de dimitir.

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