Escaño cero – No es esto, no es esto.


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

No me extraña que cada día que pasa aumente el número de euroescépticos. Antes eran los británicos los que se mostraban reticentes hacia la Unión Europea, ahora son cada vez más los ciudadanos de otros países, incluido el nuestro, que empiezan a percibir la Unión Europea como un foco de problemas y no de soluciones. Dicho sea de paso, no es extraño que sea así.

Los actuales dirigentes de la UE parecen confabulados para destruir el Estado del Bienestar. Esa Europa social y solidaria con la que los españoles soñamos durante décadas se está convirtiendo en la madrastra de Blancanieves o en la de la Cenicienta, tanto da.

Lo cierto es que los dirigentes de la UE, con la señora Merkel a la cabeza, parecen decididos en desmontar esa Europa fruto de un pacto donde la solidaridad era un valor y donde los ciudadanos habíamos alcanzado elevadas cuotas de bienestar y, sobre todo, contábamos con sistemas públicos, potentes, en sanidad, educación, asistencia a los más desfavorecidos, etc.

Pero los dirigentes de la Unión Europea de hoy han decidido acabar con ese modelo e implantar un modelo ultraliberal donde no hay reglas, o mejor dicho, la única regla es la de la austeridad, y con la excusa de la austeridad están llevando a cabo lo que he dicho anteriormente, el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Desde Bruselas nos dicen que tenemos que trabajar más años y que tenemos que ganar menos dinero. Se nos dice que los Estados gastan mucho y, para ello, nada mejor que meter la tijera en los gastos sociales, léase educación, sanidad, atención a los mayores, etc. Se insiste en que tenemos que ser competitivos, y la competitividad la traducen en reducir sueldos, amén de aprobar leyes que permitan despedir rápido y barato. Y se nos insiste que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Eso si, a éstos dirigentes de la UE no se les ocurre regular el sistema financiero para evitar que actúen como han actuado creando la crisis financiera que padecemos. Tampoco se les ocurre hacer pagar impuestos a los que realmente tienen dinero, en vez de ahogar a las clases medias sobre las que se ha asentado Europa en las últimas décadas. Y ya puestos incluso han acordado que ningún país de la UE puede tener un déficit superior al 3 por ciento y la deuda pública tampoco puede elevarse por encima del 60% del PIB. Pero esta y otras decisiones no nos las han contado ,las han adoptado de espaldas a los ciudadanos.

Si yo tuviera un sentido conspirativo de la Historia, diría que nada de lo que está pasando es inocente. Como no lo es que los «tecnócratas» que trabajaban en esos bancos fraudulentos de repente se hayan hecho con el santo y seña de la UE. Preguntemos dónde trabajaba Mario Dragui, el hombre que hoy maneja los hilos del Banco Central Europeo que presta dinero a los bancos casi sin que tengan que pagar intereses y luego esos mismos bancos se lo prestan al Estado a precio de mercado. O sea, un negocio redondo.

Lo peor es que los dirigentes de Bruselas están ganando la batalla de la comunicación. A cuenta de repetir mil y una vez a través de todas sus terminales mediáticas que no hay otra política posible, los ciudadanos han terminado creyéndoselo. Y así, ahora mismos hay millones de personas asustadas porque no saben si van a tener trabajo mañana y, por si acaso, aceptan trabajar por menos sueldos y renuncian a derechos básicos que los trabajadores habían obtenido en décadas pasadas.

No es esto, no, no es esto lo que esperábamos de Europa. El sueño europeo se está convirtiendo en pesadilla, sobre todo para los ciudadanos de los países del sur.

Dice el refrán que la avaricia rompe el saco, y eso es lo que terminará pasando si quienes mandan hoy en Europa no aflojan el yugo de la austeridad con que están machacando a millones de ciudadanos.

O Europa vuelve a ser lo que era o terminará feneciendo. Tiempo al tiempo.

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