Escaño cero – Wert & Gallardón.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Hay dos futuras leyes que traen por la calle de la amargura al Gobierno, una es la del aborto la otra la nueva ley de educación. Ambos proyectos tienen dividida a la opinión pública y están contribuyendo al desgaste cada vez mayor del Gobierno.

Tanto Alberto Ruiz-Gallardón como José Ignacio Wert se han metido en un jardín del que les va a resultar difícil salir. Tanto es así que en el caso de la futura ley del aborto hasta en el PP hay opiniones divergentes.

Verán, yo creo que el ministro de Justicia, que está metiéndose en demasiados charcos, debería de haber vuelto a ley anterior a la de Zapatero. Una ley despenalizadora y que había sido aceptada mayoritariamente por la sociedad española, la prueba es que no provocaba ninguna controversia. Y si, es cierto, fue Zapatero el que volvió a dividir a la sociedad con su ley del aborto en la que, entre otras cosas, se permite a las menores poder abortar sin que tengan porque enterarse sus padres. La ley de Zapatero también provocó rechazo en algunos ámbitos de la familia socialista. Lo mismo que ahora le está pasando a la ley del aborto de Ruiz-Gallardón, que tampoco gusta a los suyos.

Hay cosas que sin funcionan no deberían de tocarse, sobre todo cuando se trata de temas tan sensibles. En mi opinión, ya digo, Ruíz Gallardón lo tenía fácil, le habría bastado con volver a reivindicar la ley anterior a la de Zapatero.

Otra ley que está provocando no solo polémica sino movilizaciones es la LOMCE, la ley de educación de José Ignacio Wert. El ministro de Educación tiene en pie de guerra a la comunidad educativa, desde profesores a padres, pasando por los alumnos. Nunca ha habido tanta unanimidad respecto al rechazo de una ley.

Lo cierto es los índices de fracaso escolar en nuestro país son escandalosos y que por tanto hay que hacer algo para abordar el problema. Algunas de las propuestas de Wert tienen sentido, otras suponen un retroceso, es decir, vuelve a los años en los que él estudiaba bachillerato.

Sin duda para estudiar es necesario un nivel de exigencia, pero también hay que tener en cuenta las peculiaridades y circunstancias de cada alumno. El proyecto de ley de Wert beneficia a quienes más medios económicos tienen, porque éstos, sean listos o menos listos, siempre tendrán la posibilidad de acceder a la educación privada, mientras que quienes estudien en centros públicos se verán obligados a un esfuerzo mayor. No digo que es lo que busca la ley pero si que será una consecuencia.

Por otra parte financiar con dinero público colegios que segregan por sexos me parece que está fuera de lugar, lo mismo el que se prime a los colegios concertados respecto a los colegios públicos. Eso sí, me parece un acierto que los padres puedan elegir en que lengua se educan sus hijos estén en la comunidad autónoma en la que estén.

En cualquier caso tanto Ruiz-Gallardón como José Ignacio Wert deberían de intentar buscar el mayor consenso posible a la hora de abordar modificaciones legislativas como las que pretenden. Resulta insoportable que la educación dependa del color del partido gobernante cuando debería de haber un gran pacto entre Gobierno y oposición. De la misma manera que una ley tan sensible como la del aborto debería de ser tratada sin ponerla color ideológico. El aborto es un drama, y los dramas hay que tratarlos con delicadeza y no como una competición de quién da más facilidades o menos. Lo menos que se puede pedir es respeto para aquellas mujeres que se ven abocadas, por la causa que sea, a tomar esa decisión.

Naturalmente el Gobierno tiene la obligación de gobernar y llevar adelante su programa electoral y el PP puede hacerlo porque cuenta con mayoría absoluta pero hay cuestiones que nos competen a todos y que por tanto la obligación de los ministros es consensuar. A eso es a lo que deberían aplicarse tanto Ruiz-Gallardón como Wert. Ambos son dos políticos brillantes y preparados, pero pecan de exceso de soberbia al querer imponer como sean sus postulados ideológicos en leyes que tienen una gran repercusión y trascendencia en la sociedad. Saber gobernar es hacerlo para todos. Eso se le olvido a Zapatero, peor me temo que también se le está olvidando a éste Gobierno.

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