Rafael Torres – Los restos de Franco


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Sus restos no ofenden; sí su presencia. La propuesta parlamentaria del PSOE para trasladar los restos de Franco del Valle de los Caídos a alguna otra parte, interpretada como un guiño al electorado de izquierda que se le escapa como arena entre los dedos, y también como una pequeña gamberrada contra ese PP tan respetuoso con cuanto guarda relación con el general golpista que entenebreció tanto y durante tanto tiempo a España, adolece de la misma falta de rigor, coherencia y determinación que el PSOE ha usado siempre en su trato con la historia: lo que estaría de más en Cuelgamuros, en todo caso, no son los restos del sanguinario dictador, polvo al fin, sino el propio monumento de exaltación fascista que los contiene y que perpetúa simbólicamente la victoria erradicadora y despiadada de unos españoles sobre otros.
Los restos de Franco, los restos de cualquiera, no ofenden, pero sí, y mucho, su legado y su impronta, 38 años después de su muerte, en cada rincón y en cada resquicio de la vida política del país. Al contrario que Alemania, Italia y Japón, España, el verso suelto de aquél perverso Eje, nunca fue desnazificada, de suerte que la derecha que colaboró con aquél régimen, o que lo vivió confortablemente, jamás se ha visto en la necesidad de abjurar abierta e inequívocamente de él.
Es más; su reacción ante el clamor por la reparación y la dignidad de los vencidos, así como por la consiguiente restitución de la verdad histórica, desveló hasta qué punto la pátina democrática que la ha cubierto desde la Transición era muy delgada y muy débil. Hoy se percibe de nuevo, aunque nunca ha dejado de percibirse, en su respuesta a la ocurrencia del PSOE de quitar los huesos de Franco y conservar el descomunal sepulcro con el que quiso proyectar eternamente sobre el país la sombra de la guerra, de la violencia, del cainismo y de sus víctimas, que son, en puridad, todas las que perdieron todo, ¡la vida!, en aquél sindiós terrible y, por supuesto, innecesario.
Los restos de Franco no ofenden, pero sí, e insoportablemente, su presencia, su legado de intolerancia, corrupción, arbitrariedad, injusticia, zafiedad, banalidad, ignorancia, clasismo, chulería y atraso, tan vigente en la actualidad. Y el caso es que el PSOE dispuso de casi 23 años de gobierno para retirar esos otros restos, y no los retiró.

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