La canonización de Mandela

La primera ñoñería es lo de ‘Madiba’. El tipo llevaba 95 años llamándose Nelson Mandela pero a la hora de hacer la elegía, algún listo descubrió en la Wikipedia que los ancianos de su clan le habían otorgado ese título honorífico y no ha habido tertuliano y locutor de radio o televisión que no se haya hartado de repetir la cursilería.

No es que se haya loado, ponderado y enaltecido al personaje, cuya humanidad nadie puede negar. Lo que estamos viviendo es una canonización en toda regla.

La presión era fuerte, teniendo en cuenta que a su funeral no sólo han ido Obama, Clinton, Bush, Cameron Hollande, Rajoy y el Príncipe Felipe, sino también Bill Gates, Oprah Winfrey, el cantante Bono y la modelo Naomi Campbell.

Pero quizá no deberíamos pasar por alto que estaba presente un ramillete de impresentables de la catadura Raúl Castro, Maduro, Mugabe o Li Yuanchao.

Esta visto que Mandela, alias ‘Madiba’, servía a todos y para casi todo. Caso contrario cuesta entender que la misma multitud que recibió con abucheos al presidente sudafricano Jacob Zuma, inmerso en asuntos de corrupción, se desgañitara en vítores hacia Winnie, la segunda esposa del fallecido.

Entre las innumerables virtudes de Mandela no se contaba un fino olfato a la hora de elegir mujer. La multimillonaria Winnie fue en su día condenada a cinco años de cárcel, que nunca cumplió, culpable de 43 casos de fraude y 25 de robo.

Mandela es una figura inmensa pero afirmar que fue «la personalidad más extraordinaria e influyente del siglo XX», como soltó la brasileña Rousseff y repiten aquí políticos y periodistas, es estar en la inopia.

Dio ejemplo, tuvo altura y demostró que la reconciliación es posible, pero su influencia en los acontecimientos históricos de su tiempo es nimia, comparada con la que tuvieron personajes como Gorbachev, Fidel Castro, Ronald Reagan o Juan Pablo II.

Veintitrés años después de la salida de Mandela de las mazmorras de Robben Island, no apenas democracia en el continente negro y en la rica Sudáfrica, la delincuencia, la violencia, la inseguridad, la desigualdad y la corrupción son rampantes.

Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído