Fermín Bocos – Lo que queda es la cultura.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Obsesionado con la prima de riesgo: que España no fuera intervenida; con la reforma laboral; con la decepción de los suyos por la subida de impuestos y con el chicle pegado en el zapato por la hoja de ruta heredada de Zapatero en el asunto de la ETA (Bolinaga, doctrina Parot, etc), Mariano Rajoy ha estado estos últimos dos años demasiado ocupado como para prestar atención al mundo de la cultura. Universo que en la jerarquía de la Administración siempre tuvo responsables con rango ministerial pero que fue degrado en aras de una prometida jivarización de las estructuras del Estado que, a la postre, no ha sido tal.
No hay dinero para Cultura, ni inteligencia para comprender que lo que lo que convierte a un país en referencia frente a terceros no es solo la economía: también son sus hitos culturales. Sus creaciones y hallazgos en el mundo de lo que en sentido amplio reconocemos como cultura. Esa debería ser la verdadera «Marca España». Como no ha dejado nunca de ser así, pongo, por caso, en Francia o en Italia. No se trata de subvencionar a la industria cinematográfica, al teatro o a los editores de libros. Es otra la filosofía y la política a seguir. Falta sensibilidad. El núcleo duro del PP parece haber hecho suya la prédica de algunos talibanes que antaño fueron fanáticos del comunismo y hogaño militan en el registro más ultra del espectro político. Ellos fueron quienes redujeron a un etiqueta despectiva -los «titiriteros»- todo lo que suena a cultura identificándola, de paso, con la izquierda. Como si las voces de la derecha no hubieran formado parte, también, del retablo de nuestra cultura centenaria, la que a lo largo de la Historia ha contribuido a forjar nuestra identidad como comunidad política o nación.
El caso es que lo primero que se llevó por delante el objetivo de déficit ha sido el presupuesto de Cultura. Incluso Marc Fumaroli lo habría considerado un exceso. Rajoy no sabe que lo que quedará de su paso por el Gobierno de España es lo que deje huella en el ámbito de la Cultura. Aunque solo sea una ley o un centro cultural. Como el Pompidou de París o el teatro que François Mitterand se empeñó a levantar en La Bastilla. Me gustaría creer que pese a que las circunstancias y los ningunéos de los afines apenas han dejado levantar cabeza al actual secretario de Estado, el profesor José María Lasalle, hombre culto de modales suaves y notable talento, a la postre, encontrará apoyo en Presidencia del Gobierno (Soraya Sáenz de Santamaria) para fletar con éxito el proyecto de Ley de Propiedad Intelectual que llegará al Consejo de Ministros antes de fin de mes. Aunque Rajoy no lo sabe, si ésta ley sale adelante, será de lo poco que se relacionará con su nombre así que el tiempo le alcance.

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