Francisco Muro de Iscar – Moralmente indefendible.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

¿Por qué lo llaman castigo cuando es un crimen de guerra? Israel está «respetando» la tregua de 72 horas, después de haber causado la muerte de cerca de 2.000 civiles, 407 de ellos niños, 214 mujeres y de haber destruido 10.000 edificios y, por supuesto, de haber hundido los 32 túneles construidos por Hamas para poder realizar sus actividades terroristas. Medio millón de palestinos están desplazados de sus casas por el conflicto. Los demás viven bajo los escombros, llorando a sus muertos. Después de 29 días de matanzas, «funciona» una tregua de 72 horas, con los soldados en constante vigilancia por si tienen que volver, a pesar de que Netanyahu haya dicho ya «misión cumplida. La tregua durará lo que quiera Israel. La calma será un hecho hasta que Hamás reconstruya los túneles o prepare otra amenaza. Entonces, Israel volverá a matar indiscriminadamente. Es así desde la creación del Estado de Israel y así seguirá mientras quienes pueden, no hagan nada y sigan mirando cínicamente hacia otro lado.
Estas muertes son responsabilidad de Israel, en primer lugar, y también, en menor medida, de Hamás. Israelíes y palestinos son responsables de su propio odio y del ansia de venganza, que les incapacitan para encontrar la paz para los ciudadanos. Pero la responsabilidad de la comunidad internacional es mucho mayor. La ONU ni está ni se la espera. Su secretario general Ban Ki-moon pide una investigación rápida y que los responsables respondan ante la Justicia, pero sabe que no se hará lo primero y si alguna vez llega lo segundo habrán muerto miles de inocentes más. Los gobiernos occidentales, empezando por Estados Unidos, se limitan a decir a Israel que no sea malo, que se porte bien. Cameron, el primer ministro británico, ha dicho, sin citar va Israel, que «atacar civiles está mal y es ilegal», pero no dejará «sin postre» a ningún responsable de esos ataques. España ha suspendido la veta de armas a Israel -previsiblemente se reanudará cuando haya pasado la tormenta e Israel necesite armarse para otra ofensiva- y Margallo, nuestro ministro de Exteriores, ha pedido a la Unión Europea «un mayor esfuerzo» en Gaza.
Sólo ha habido una dimisión en los Gobiernos europeos, la de la británica Sayeeda Warsi, secretaria de Estado para la ONU, los derechos humanos y la Corte de Justicia Internacional, la primera musulmana en un Ejecutivo británico, que ha dicho alto y claro que las políticas europeas en la crisis de Gaza son «moralmente indefendibles y tendrán consecuencias negativas a largo plazo en nuestra reputación internacional y doméstica». Sayeeda defiende que esas políticas son contrarias a «nuestros valores y nuestro compromiso con el Estado de Derecho» y que si se queda en el cargo no sería capaz de vivir con el peso de las decisiones que tendría que apoyar. En todos los países de Occidente hay decenas de políticos que viven cómodamente después de haber permitido, apoyado activamente o tolerado cínicamente miles de muertos durante décadas, apoyando siempre al más fuerte y sin hacer nada para acabar con el problema por las buenas o por las malas. Lo dicho, moralmente indefendible.

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