Fernando Jáuregui – ¿Qué puede hacer un chico como yo en un fin de semana como éste?


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Un voraz mirón de la política, como ha de ser profesionalmente quien suscribe, se encuentra con serias dificultades de elección acerca de su rumbo laboral este fin de semana: estamos en plena fase de aceleración política, lo cual no estoy seguro de que sea bueno. Pero sí estoy seguro de que es casi surrealista.
Muchos acontecimientos, potencialmente importantes, se agolpan en la agenda, demostrando, uno, que ya estamos en plena precampaña electoral, Dios nos asista; y dos, que parte de esa agenda del finde viene dictada por la convulsión que vive el país. Mire usted, si no, hacia Extremadura, donde el Partido Popular celebra, en Cáceres, una «cumbre» de «barones» autonómicos, presidida por un Rajoy de quien se esperan mensajes importantes: tiene que salir de esa patente atonía que le achacamos casi con unanimidad los observadores, para no hablar ya de dónde sitúan las encuestas el índice de popularidad del jefe del Ejecutivo.
Ocurre, sin embargo, que la suerte se resiste a favorecer a quienes no laboran lo suficiente como para merecerla, y los «populares», que hace tiempo ya habían señalado la bella ciudad extremeña para este cónclave, se han encontrado con un pequeño escándalo -yo, lo reconozco, no le doy demasiada importancia, pero hay que ver el revuelo que se ha montado- que afecta al presidente de la Junta, José Antonio Monago, acusado de abusar de su «gratis total» senatorial para viajar con excesiva frecuencia a Canarias. Y, como aquí todo el mundo lo sabe todo, pues eso: que parece que las explicaciones oficiales señalando que Monago volaba con tanta frecuencia a las islas afortunadas por motivos político-profesionales no han colado del todo. Así que mal marco para el inicio de la cruzada regeneracionista de Rajoy, aunque ¿quedan muchos lugares impolutos desde los que tocar el cornetín de la arrancada? O el mirón y escribidor de la política podría decantarse por marchar a Sevilla, donde la presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha forzado un acto con «su» secretario general, Pedro Sánchez, para escenificar públicamente una unidad entre ambos que otros detalles desmienten. Complicado momento en Andalucía, cuando una avalancha está cayendo sobre las cabezas de los ex presidentes de la Junta José Antono Griñán y Manuel Chaves, que corren el riesgo de ser (injustamente a mi modo de ver) imputados por falta de vigilancia de las muchas cosas sucias que hicieron algunos de sus correligionarios. La señora Díaz ya ha dicho, sea justa o injusta la cosa (también lo fue, injusta, digo, la imputación del ex ministro del Interior con Aznar Angel Acebes a cuenta de los desvíos de fondos de la tesorería de la sede «popular», pero qué quiere usted: aquí lo importante es fusilar al imputado y luego ya se verá), que una imputación supone la expulsión inmediata de sus dos antecesores. Así que el clima en el mítin sevillano va a estar un poco gélido, me temo.
También me podría haber quedado en Madrid, donde «Podemos» se consolida como partido -todos hablan de Podemos en los cenáculos y mentideros- y los planes de la novia del líder de esta formación, que milita, sin embargo, en Izquierda Unida, y no (todavía) en Podemos, amenazan con desangrar a la opción que lidera Cayo Lara, y que se está quedando en los huesos por culpa, parece, precisamente de «Podemos», así que todo queda en casa. En todo caso, en Madrid, ya se sabe, hay siempre lío seguro y, por tanto, materia de análisis político, en todas las formaciones; que se lo pregunten a Rosa Díez, la lideresa de UPyD. O a Tomás Gómez, el dirigente de los socialistas madrileños.
O ¿qué tal Mallorca, que hay que ver la que se ha montado con el «caso judicial del año», que afecta nada menos que a la hija de un Rey y hermana de otro?. Eso, claro, requeriría un libro solo para este «affaire», así que vamos a dejar el viaje a Baleares para otra ocasión.
Y, sin embargo, he elegido Barcelona, a donde acabo de llegar cuando escribo estas líneas. Nada tan peculiar, tan extraordinario -y mira que pasan cosas extraordinarias en este país nuestro–, como esa consulta que ha montado Artur Mas, y que, cuando faltan poco más de veinticuatro horas para el día-D, o mejor día N, nadie parece saber aún cómo va a discurrir. Eso sí, la emoción, la tensión y la frustración en las calles de la capital catalana son palpables. Bueno, a ver qué pasa, a ver cómo consigue el cronista mirón enjaretar todo esto de manera que un alienígena que llegase a España pudiese entender algo de lo que se fragua en la piel de toro. Difícil lo veo, cuando ni los propios nativos logramos aclararnos…

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