El Abanico – La falta de empatía de Rajoy-Sánchez


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

La empatía no es algo que enseñen en las universidades, ni siquiera en las más prestigiosas; tampoco se hereda, es algo que se tiene o no. Adolfo Suárez y Felipe González la tenían para dar y regalar. De ambos se dijo que eran encantadores de serpientes, porque independientemente de que coincidieras con sus postulados o no, en lo que todos estaban de acuerdo era en señalar que si uno de ellos se sentaba a tu lado o te daba dos palmaditas en la espalda, estabas perdido. Da igual que fueras hombre o mujer, caer rendido a sus encantos era lo habitual. Tanto que he visto hombretones, firmes como una roca en sus ideas políticos, que cuando estaban con Felipe o con Adolfo se deshacían como un azucarillo en agua. Tal era su magnetismo.
Un encanto personal del carecen los lideres políticos de la nueva honrada, pues incluso admitiendo que algunos tienen más fotogenia que otros -tal es el caso de Albert Rivera, siempre tan aseado y correcto-, lo cierto es que tampoco enloquece, aunque hay que reconocerle sus esfuerzos a la hora de propiciar un acuerdo entre PP-PSOE. Esfuerzo que ha resultado estéril no porque no haya puesto todo de su parte sino por el enrocamiento de Sánchez y Rajoy.

Viendo el poco entusiasmo que provocan tanto el líder conservador como el de los socialistas, ni siquiera entre sus bases, me pregunto ¿qué tiene que ocurrir para que estos dos hombres sean capaces de aparcar sus discrepancias? Por lo que hemos visto hasta ahora, solo un cataclismo económico o social podría propiciar un acercamiento. Y miren que digo podría y no puede, convencida como estoy de que ninguno de los dos va a dar su brazo a torcer, por más que a Rajoy se le llene la boca reclamando un acuerdo mientras que su círculo más cercano se dedica a desprestigiar, a insultar, a ningunear al líder socialista, convencidos como están de que es el causante de todos sus males. Una postura que les resulta más cómoda que admitir que durante los cuatro años de su «reinado», han gobernado con mano de hierro, ninguneando a la oposición, poniéndoles todas las trabas posibles en su intento por ser la única fuerza capaz de gobernar este país, que consideran su cortijo particular.
Respecto al futuro de Pedro Sánchez no me atrevo a hacer pronósticos pero sí sobre lo que la gente piensa de él y sorprende que siendo tan guapo, tan buen orador, el rechazo sea casi unánime. ¿Por qué? Por su falta de empatía sobre todo, por su incapacidad para conectar con sectores de la sociedad que están más cercanos a sus ideas que a las de Rajoy-Rivera o Iglesias. Prueba de ello es el chorro de votos que ha perdido en las dos últimas elecciones, que le imposibilita su carrera a La Moncloa, al menos en esta legislatura. Un rechazo que debería analizar en profundidad, antes de seguir mareando la perdiz ya que ni sus votantes ni el país merecen una situación política como la que estamos viviendo.

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