Científicos independientes critican los protocolos oficiales contra el Covid-19

Los BULOS oficiales sobre la pandemia

Los BULOS oficiales sobre la pandemia

Decir que la pandemia es toda ella un puro BULO puede resultar escandaloso para quienes han perdido a sus seres queridos en las camillas repletas de los hospitales. Seres queridos a quienes ni han identificado, ni enterrado. Nunca nuestros muertos fueron menos llorados. Decir que la pandemia es un bulo puede incluso parecer frívolo a quienes desconocen los entresijos de la puesta en escena, anunciada desde hace décadas por varios personajes al servicio del Nuevo Orden Mundial, denominado por Sánchez la “nueva normalidad”, uno de sus últimos eufemismos, que sus medios repiten como loritos amaestrados. Y, sobre todo, puede parecer un sinsentido para quienes creen a pies juntillas las mentiras de este gobierno socialcomunista, mentiroso, que nos tortura y  tritura con sus medidas totalitarias de aislamiento y confinamiento. Ningún país ha impuesto leyes tan restrictivas como el de Sánchez-Iglesias que se goza en el mando y hará cuanto esté en su mano y más, por mantenerse en el poder.

Esto no es una alarma sanitaria, sino una alarma política. Las normas sanitarias son meras tapaderas para colar las normas políticas. Los gobiernos del mundo están utilizando la pandemia para adueñarse de las instituciones y gobernar por decreto, y en esto España se lleva la palma. Más que gobernar, delinquen de la mañana a la noche amparándose en el voto de silencio de los medios de comunicación a su servicio, que les ríen las gracias y llevan sus ilegales propuestas a la categoría de sacramento. Curiosamente, los mismos medios, capacitados por no sé qué fuente infernal, para rastrear los bulos y dictaminar lo que es verdad y lo que no. Es cierto que circulan cantidad de noticias falsas, pero los periodistas estamos capacitados para investigar y contrastar, aunque eso nos haga perder tiempo. Pero la verdad es que no les preocupan los bulos, sino que se viralicen sus múltiples chanchullos, prevaricaciones, malversaciones y otros presuntos delitos que podrían llevarlos a la cárcel. Para colmo, a los técnicos encargados de la desescalada los mantienen en secreto. Nunca se ha visto menos transparencia.

Por suerte, los ciudadanos están agotando su paciencia y cada vez son más los que piensan que “algo muy raro hay en todo esto”. No tienen más datos, ni pueden razonar una teoría, pero entienden que hay algo que no cuadra. Y, en efecto, se están empezando a dar cuenta de que los españoles podríamos estar siendo cobayas de un experimento. No sería la primera vez. Hace unos años, con el gobierno progre de ZP, España fue el “laboratorio” elegido para poner en marcha el proyecto de ingeniería social a través del cual llegó, por la vía de urgencia, el matrimonio homosexual y la ideología de género con sus flecos queer. Vistas algunas de las medidas anticonstitucionales e incluso ridículas, muchos creemos que ahora podrían estar probando nuestro aguante y capacidad de sumisión. Lo cierto es que el hartazgo es tanto que los aplausos se han convertido en caceroladas y en «Sánchez dimisión», aunque esto no salga en las teles.

Esta epidemia fue elevada a categoría de “plandemia” para poder instaurar un sistema de control absoluto, gobernado por sátrapas con la ayuda de una policía implacable y la inteligencia artificial de la que hemos ido conociendo algo en las últimas semanas. Todo un reino de sensores digitales y otros artilugios electromagnéticos que controlan nuestros movimientos, temperatura, pulsaciones, e incluso pensamientos y emociones. Es importante conocer esto para entender la situación actual y prepararnos para lo que viene, en el caso de que no podamos remediarlo.

Lo que sabemos del Covid-19 desde la oficialidad es muy poco. Los médicos han estado dando palos de ciego, y los siguen dando, porque los instigadores de la “plandemia” están impidiendo que se conozca la verdad. No hablo por hablar. La información que nos llega a través de la comisión de Sanidad que capitanean los singulares Illa y Simón no es de fiar, y da vergüenza ajena oírlos. Según la versión oficial, se trata de un virus natural, pero muy letal, que solo se erradicará con una vacuna, para la que, por cierto, Sánchez ya le entregó al grupo de Bill Gates más de 100 millones de euros en septiembre pasado. Sin embargo, contra esta opinión oficial sobre el “bicho” existen otras de mucho más peso, de médicos y virólogos independientes y no al servicio de gobiernos, como la del Premio Nobel, Luc Montagnier, del que hablamos en un artículo anterior, que asegura que el Cobid-19 ha sido manipulado en laboratorio a partir del SARS, introduciéndole unas secuencias del VIH. De la misma opinión es el biólogo Rashid Butter, la viróloga Judy Mikovits y otros eminentes científicos a los que el sistema tiene crucificados por defender la Ciencia con mayúsculas para el bien de la humanidad frente a intereses económicos y de control del rebaño. Estos no pertenecen al equipo de profesionales que, traicionando a la sociedad, cobran sueldos millonarios como pago a su traición. La película “El jardinero fiel” refleja muy bien lo que estamos hablando.

A la luz de las noticias oficiales, escrupulosamente cribadas y maliciosamente redactadas, da la sensación de que ni saben, ni quieren avanzar en el conocimiento del virus, ni en su curación. No pueden, ni  quieren salirse del guion marcado. Por eso tachan como BULO cualquier noticia que se aleje de sus apriorismos. No saben nada, pero no admiten opiniones, ni se atreven a probar productos alternativos que están salvando vidas, como el MMS, que actúa de manera radical contra el virus y es empleado por médicos de todo el mundo.

Los líos que se traen sobre las mascarillas, primero que sí y  luego que no. Antes no las había, porque hubo que hacer mil maromas para los pelotazos del gobierno, aunque las empresas españolas estaban exportando las que el gobierno no quería, y después, las chinas llegaron defectuosas. Sobre el uso de la mascarilla en espacios abiertos, donde lo normal es respirar aire puro se está levantando una gran polémica. Varios profesionales sostienen que llevar demasiado tiempo el tapabocas hace que respiremos continuamente nuestro propio anhídrido carbónico, lo cual puede provocar malestar general, mareos e incluso hipoxia. Lo más recomendable es el sentido común: Si entramos en un hospital nos pondremos mascarilla y si paseamos por el parque, no.

La desconfianza en torno a los test sigue in crescendo. Muchas personas  reclaman  hacerse la prueba, pero, ante la falta de transparencia por parte tanto de la OMS como de los diferentes gabinetes de salud de los gobiernos, así como de los protocolos seguidos en las primeras semanas de la pandemia, los más escépticos duran de la fiabilidad de los resultados, sobre todo de los falsos positivos. Ese problema lo tenemos aquí y en otros países. El presidente de Tanzania, John Magufuli, protagonizó una noticia, chusca donde las haya, al hacer unas polémicas declaraciones en vivo, en las que manifiesta su duda sobre los test. El tema es más que surrealista. El gobierno tanzano envió a su propio laboratorio muestras de personas, de animales, frutas e incluso aceite industrial, y todas las pruebas dieron positivo por Covid-19. Según las fuentes consultadas, la causa de esta anormalidad podría estar en el equipamiento, en las personas  e incluso se sospecha “que haya habido sabotaje”. Aunque el representante de la OMS en Tanzania intentó aclarar que todo estaba en orden, la duda está servida y el director de control de calidad del laboratorio, relevado de su puesto.

Por desgracia, mientras los científicos defensores de la humanidad se esfuerzan en hacer llegar la verdad a través de comunicados en sus redes sociales, medios alternativos y canales de YouTube, los censores se afanan en eliminar cualquier contenido que contradiga las consignas oficiales. ¿Por qué tienen tanto miedo a que la humanidad despierte? La respuesta es más que evidente. Saben que se les acaba el tiempo, por eso tienen tanta prisa y han hecho esta chapuza. Por eso, hay que evitar a toda costa la vacuna obligatoria, antes de que sea demasiado tarde. No porque seamos contrarios a las vacunas per se, sino porque no nos fiamos de quienes poseen patentes de virus y, al mismo tiempo, fabrican antivilares y vacunas, con muy dudosos componentes. Vamos, que no pondríamos a la zorra a cuidar el gallinero.

Las próximas semanas van a ser vitales en el desarrollo de esta “nueva normalidad”. Que puedan seguir con sus planes depende de nuestra capacidad de comprensión de la realidad y de nuestra reacción ante ella. Nunca la humanidad estuvo tan en peligro como ahora. Ni en los tiempos de la más dura Inquisición fue menos libre. Jamás la humanidad fue considerada tan rebaño como ahora.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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