OPINIÓN

José Manuel García Albarrán: «La inacción y el botellón»

José Manuel García Albarrán: "La inacción y el botellón"

¡Por fin llegó el día!

Sánchez y su gobierno, una vez más, nadando contra corriente.

El domingo día 9 de mayo finalizó el  ‘Estado de Alarma’ decretado hace 6 meses y a pesar de las reiteradas peticiones de las CC.AA más afectadas por la última ola de Covid-19 y, coincidiendo con un repunte del número de casos, el gobierno ni atendió a prorrogarlo ni ha legislado -en 6 meses- un plan alternativo para que se pueda aplicar en el ámbito Nacional y por Comunidades Autónomas con garantía legal.

Delega las decisiones en las CC.AA y les conmina a peticionar al TSJ la legalidad de las normas particulares que quieran aplicar, exponiéndolas a una diversidad de sentencias.

¡Vamos, un maremágnum!

¿Desde cuando el poder ejecutivo se escuda en el poder judicial para tomar decisiones que exclusivamente competen al gobierno?

Es vergonzoso y pone de manifiesto, la ‘inacción’ y una vez más, la ‘dejación de funciones’ de este gobierno, que habiendo tenido seis meses para prever, diseñar y aplicar un ‘Plan B’, llega el levantamiento de este último ‘estado de alarma’ y permiten pasar de ‘la nada’ al ‘todo’. Pero eso sí… ¡Con mascarillas por las calles y parques, lo que es sumamente importante! ¿No?

¡Libertad, libertad, libertad! gritaban numerosos grupos de jóvenes por las calles, como si acabaran de salir de la cárcel o se hubiesen liberado de un régimen dictatorial o tiránico… bebiendo, bailando y bañándose en las fuentes para ‘celebrar’ el final del toque de queda y esa “nueva anormalidad” propiciada por este incauto y vacuo ‘gobierno multicolor’.

Mientras tanto el ‘Director de este tinglado’, Sánchez, seguía escondiendo sus vergüenzas en Moncloa, intentando digerir o asimilar, el ‘pesado plato’ de su estrepitoso fracaso y el de sus socios en la reciente cita  electoral de Madrid.

Pero nos tiene acostumbrados ya a que sus apariciones nunca se corresponden con el hecho de ‘dar la cara’ ante los fracasos o situaciones conflictivas, pero sí a aprovechar la mínima ocasión para ‘sacar pecho’ aunque el mérito no sea suyo, haciendo gala una vez más de su autolatría, egocentrismo, egotismo, narcisismo y vanidad, todos ellos sinónimos de esa ‘Egolatría’ que no le permite entender las necesidades de los demás.

Ha esperado una semana para hablar de ‘su fiasco electoral’ y para, como no, prometer algo que no está en su mano cumplir, afirmando que…“Dentro de 100 días estará vacunada un 70% de la población y habremos logrado la inmunidad de grupo”, además, parodiando a su ‘gurú Tezanos’, tranquiliza a sus ‘fans’ afirmando que “pronto volverá a mandar la izquierda en Madrid”… ¡Increíble! ¿No? ¡Sin duda confía en los ‘milagros electorales’!

Y ahora en plena tercera ola y con posibilidad de inicio de la cuarta, levanta el estado de alarma y deja caer el peso de la responsabilidad sobre las 17 CC.AA provocando un desbarajuste con medidas diversas y variadas en cada provincia o Comunidad Autónoma.

Y mientras los médicos, enfermeros, auxiliares (genérico) y demás personal sanitario y hospitalario trabajan en ‘turnos agotadores’, enfundados en los EPIs, con gorros, gafas, calzas, mascarillas, pantallas, etc., miles de jóvenes y no tan jóvenes, se lanzaron como posesos a las calles y plazas de Madrid, Barcelona, Salamanca, Sevilla, Pontevedra, Málaga, Oviedo, Segovia, etc. al dar las 0’00 h. del domingo 9 de mayo como si fuese el día de nochevieja y hubiese que celebrar el fin de año -solo faltaban las uvas- dando una imagen deplorable de egoísmo, irresponsabilidad e ignorancia supina totalmente condenable.

Botellones ‘a gogó’, claramente condenables y con cero normas de seguridad constituyeron un cúmulo  propicio para provocar otra debacle de contagios y volver a retroceder de nuevo.

Tenemos un verdadero problema epidemiológico del que no es consciente ni el gobierno ni esa parte de la población -no sólo jóvenes- que antes se empeñaron en ‘ponerse la venda’ y montar fiestas de todo tipo, tanto dentro de las casas, los locales, plazas y las calles de su ciudad y ahora, sin trabas horarias, los excesos e irresponsabilidades pueden pasar a ser ingobernables.

Habrá que analizar porqué se detecta en la sociedad actual una excesiva irritabilidad, una falta de responsabilidad y de respeto, una desordenada tendencia a asociar la bebida, consumida indiscriminadamente tanto en tiempo -horas- como en cantidad -litros- con la diversión y ese ‘egoísmo recalcitrante’ que exhibe una parte de la población -principalmente jóven- cuya única meta de diversión parece ser ‘ponerse hasta las trancas’ de alcohol y otras sustancias que les ayudan a ‘evadirse de la realidad’. ¿De qué realidad?

En mi opinión existe un mal de fondo cuya responsabilidad empieza en el ámbito Familiar, sigue en la Escuela, Instituto y Universidad y finaliza en los tres poderes… Legislativo, Judicial y principalmente en el Ejecutivo, que debe gobernar con sentido de Estado, fortaleza, claridad de ideas y dejando a un lado partidismos totalitarios.

Y finalizo con una pregunta para la que, de momento al menos,  nadie me ofrece respuesta…

¿Quien puede parar esto y con qué medios?

José Manuel García Albarrán

Médico jubilado

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