OPINIÓN

Rafael López Charques: «Desmemoria actual»

Rafael López Charques: "Desmemoria actual"

El gobierno en las nubes, lo denominamos así porque desde luego parece que está en ellas, dado que nos machaca todos los días con temas de segunda importancia para los ciudadanos, pero no nos dice nada o a lo sumo echa balones fuera cuando se trata de cuestiones de verdadera transcendencia, que nos tienen en vilo. En consecuencia creemos que debe sufrir graves problemas mentales.

Nos explicaremos. Denominamos desmemoria actual a su carencia de la misma, porque, por ejemplo, se cansa de restregarnos en cuanto tiene ocasión, la llamada ley de memoria histórica, que quiere convertir en de memoria democrática, pero sistemáticamente se olvida de lo que nos dijo o prometió el día anterior. Esto es grave, no para ellos, que viven en su edén, pero si para los españoles que tenemos que aguantarlos.

Para empezar recordemos que la memoria es “la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”. Como el pasado no se puede modificar, la memoria es una, por lo que calificarla de histórica o democrática es, en leguaje coloquial, una chorrada.

La desmemoria es por lo tanto, no retener ni recordar el pasado. Ello implica un funcionamiento defectuoso del cerebro de las personas que la padecen. Por desgracia para nosotros, parece que gran parte de nuestros gobernantes en las nubes sufren tal problema. De lo contrario la otra opción que nos queda es que sean unos mentirosos compulsivos, cosa de entrada descartamos.

Tenemos un reciente ejemplo. Surgió la noticia de una agresión homófona en la capital. Inmediatamente fue cacareada hasta la saciedad por muchos medios de comunicación subvencionados generosamente por los políticos frente populistas, si, esos que también se rasgaron las vestiduras comentando el tema. Muchos periodistas y tertulianos encontraron en el hecho un filón inagotable para hablar por hablar, porque eso es lo que hicieron. La mayoría aprovecharon la ocasión para, basados en su autoproclamada superioridad moral, atacar a los que consideran adversarios políticos, lo cual ya de por sí es un comportamiento rastrero. Efectivamente es muy poco digno aprovecharse políticamente de un posible suceso luctuoso.

Ahora bien, cuando se constató que todo había sido una mentira confesada por el propio denunciante, a los que hasta el momento anterior clamaban al cielo por lo supuestamente ocurrido, les entró un ataque de amnesia y no dijeron ni palabra.
Es decir, entraron en una fase de desmemoria actual.

Si tuviesen un mínimo de vergüenza, cosa que sabemos imposible porque desconocen lo que es, los que tanto habían cacareado el falso suceso, habrían dedicado el mismo tiempo y forma, es decir, primeras páginas y espacios de audiencia, a informar a los ciudadanos de la verdad. ¿Lo hicieron? La respuesta la sabemos. Como ya es habitual se olvidaron repentinamente de lo que habían dicho hasta el momento anterior.

Conocida la verdad, el ministro del Interior no se hizo responsable del tinglado que se montó, aunque parecer ser que tenía información suficiente para sospechar que todo era falso. En su irresponsabilidad le dio la razón a un político del, por él denostado, régimen anterior cuando afirmó que “España es diferente”, porque en cualquier otro país, ese ministro hubiese tenido la decencia de dimitir antes de que lo cesasen fulminantemente. Aquí ni lo uno ni lo otro, simplemente “vengan días y caigan panes”

Por cierto en el proyecto de ley sobre universidades se considera falta muy grave el plagio en las tesis doctorales. ¿Qué hará “cum fraude”? Nada, pues con lo desmemoriado que es habrá olvidado lo que se probó sobre la suya.

 

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