OPINIÓN

Manuel del Rosal: «El hombre blandengue: El nuevo calzonazos»

Manuel del Rosal: "El hombre blandengue: El nuevo calzonazos"

Blandengue según la RAE:

1. adj. despect. Blando, con blandura poco grata.

2. adj. despect. Dicho de una persona. De excesiva debilidad de fuerzas o ánimo.

3. adj. despect. Dicho de una cosa. Propia de la persona blandengue.

Las tres acepciones la RAE las califica como adjetivos despectivos (también puede ser un nombre despectivo). Podemos decir que, en términos lingüísticos, si nos referimos a una persona como blandengue, lo hacemos de forma despectiva, es decir, con desprecio, con poco respeto, negativamente.

Cervantes decía: “No sea siempre riguroso ni siempre blando y escoge el medio entre estos dos extremos; que en ello está el punto de la discreción”

No es esto lo que persiguen estas señoras feministas más falsas que Judas. Si fuera esto estaría bien porque, en todo, la virtud está alejada de los extremos. Lo que persiguen con saña es cauterizar sus frustraciones, sus rencores y sus resentimientos aplicando el hierro candente a los varones que, para ellas, son los causantes de sus vidas planas y marchitas. Habría que preguntarse qué tipo de varón ha acompañado las vidas de estas feministas de salón y moqueta que, al igual que Sánchez, no asumen ser los responsables de sus penas y sinsabores porque, al igual que Sánchez, no quieren igualar, sino imponer y dominar y, claro, es más cómodo y facilón imponer y dominar a ignorantes en el caso de Sánchez y a blandengues y pusilánimes en el caso de ellas. La campaña que están lanzando pagada con los impuestos de todos los ciudadanos dice que el hombre blandengue construye una masculinidad más sana y más fuerte. Me lo expliquen. Una de las feministas abunda en que, si además de blandengue el hombre es feminista, le será más fácil ligar y tendrá más ocasiones de echar un polvete. Me lo expliquen también.

Estas feministas nos quieren blandengues para que ni las piemos a cuanto ellas quieran imponernos hasta que quedemos rebajados a su animal de compañía. Lo peor es que, dentro lo que se ha dado en llamar progresismo, hay muchos hombres blandengues que han pasado por las horcas caudinas de estas mujeres y viven bajo la bota que les oprime, bajo el yugo de su supremacía. Nunca debemos olvidar que lo que busca desde hace años este feminismo autoritario y dictatorial es la supremacía de la mujer sobre el hombre en todos los órdenes de la vida, no la igualdad, la igualdad a ellas no les satisface, lo que les satisface es el dominio del varón, el varón domado como llamaba Esther Vilar al hombre en su libro “El varón domado” en el que se atrevió a denuncia las artimañas de la mujer para dominar al hombre y que, la pobrecita mía, recibió palos de todos lados por decir la verdad sobre la doma del hombre por la mujer. He aquí dos frases del libro: “Solo las mujeres podrían romper el círculo infernal de la doma y explotación. No lo harán nunca, porque no tienen ningún motivo racional para hacerlo. Y no se puede confiar en sus sentimientos, pues las mujeres son frías emocionalmente y no sienten compasión” “Una de las muchas verdades deprimentes acerca de la relación entre los sexos consiste sencillamente en que el varón no existe prácticamente en el mundo de las mujeres”.

En los tiempos de mi juventud el término blandengue no existía, existía el término calzonazos que se aplicaba, según la RAE, al hombre que se dejaba gobernar por su pareja. Otros diccionarios lo definen como hombre débil que se deja manejar fácilmente, especialmente por su mujer. En aquellos años la sociedad no entendía como un hombre podía estar bajo la férula de su mujer, como un hombre había llegado a ser un calzonazos. Hoy, el calzonazos es sutituido por el blandengue y esta sociedad parece ser que entiende perfectamente que un hombre será más sano y más fuerte si se muestra blando, sumiso y entregado sin condiciones a la mujer; no te quiero contar si, además de ser un calzonazos, un blandengue, es feminista; entonces ha alcanzado la perfección masculina y, no solo es más sano y más fuerte, sino que, siendo un calzonazos, un blandengue y feminista, ligará más – Cosas veredes Sancho _

Hoy y aquí en España – no sé en los demás países – los John Wayne, Burt Lancaster, Kirk Douglas o Charlton Heston no tendrían ninguna oportunidad en la industria cinematográfica, se dedicarían probablemente a ser camioneros o descargadores de muelles; y en cuanto a ligar, ligarían menos que un guardia civil en una playa caribeña. El varón de la especie ha muerto ¡larga vida al blandengue y calzonazos!

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