OPINIÓN

Victor Entrialgo de Castro. «Los Sanchescu»

«Esta legislhartura», la de Pedro Sanchez, será recordada por la historia como la compra de votos para gobernar. Los españoles hemos atravesado siglo y medio de historia, a lo largo de diez generaciones de esfuerzo y lucha, para que el Sanchismo nos haya hecho retroceder a la España del siglo XIX de Cánovas y Sagasta, donde se compraban los votos.

Por eso nos pusieron en televisión aquello del Ministerio del tiempo. Tenemos la certeza de que vivimos un viaje en el tiempo, concretamente al pasado y al planeta de los simios que mandan en los Ministerios, porque durante nuestros paseos ahora en la playa comprobarenos que la escultura que sale destruída al fondo es la estatua de la libertad.

Algo parecido, sin cosmética y sin hacerse tantos arreglos, era la Bucarest comunista de los Ceaucescu, donde la mala era ella porque siempre tiraniza el débil. Calígula, Sanchez y, en Moncloa, Ella, con ese aspecto de no haber roto nunca un plato.

Lo de «los Sanchescu» es igual pero con más peluquería y cátedra. Las carencias formativas de sus padres trabajadores de negocios lucrativos y poderosos pero carentes de la pátina que da la formación y la Universidad, las trata de salvar la neneta comprándose su cátedra de captación de fondos, ansia de medro social y barniz académico para suplir su carencia formativa y lavar un negocio lucrativo pero socialmente de mala reputación. Hay que tener huevos y una cara dura como el cemento para hacer lo que ha hecho el matrimonio Sanchescu.

Elena Ceaucescu (de soltera «Petrescu»), coincidencia de nombre que asusta, se graduó, también supuestamente, tras solo dos años de estudio en Química por la Universidad de Bucarest. El profesor encargado de evaluar su labor se negó a graduarla hasta en dos ocasiones. Las presiones políticas hicieron que finalmente se graduara dándole la nota necesaria para obtener el título que, supuestamente, defendió a puerta cerrada con una tesis en 1970 sin admitir preguntas, siguiendo un procedimiento totalmente ajeno al habitual. Siendo rechazada por el profesor que dirigía su tesis, que fue  despedido, finalmente fue otro científico, el profesor Drăgulescu, el encargado de dar validez a sus trabajos. Cualquier parecido con lo ocurrido aquí con los Sanchescu es pura coincidencia.

Tras ello, forzaron a algunos químicos  a tomarla como «coautora» de sus obras y publicaciones. Pero, en esta concreta materia, debe aclararse que entonces no había aún softwares y que Sanchez, con sus libros escritos por otros, incluso la supera.

Algunos de los títulos de la Ceaucescu fueron revocados a la caída del régimen, con lo cual se confirmaría, y esto es muy relevante, la corrupción de muchas instituciones académicas nacionales e internacionales, ya tuvieran presión directa para realizar actos académicos en favor de ella, o ya entregaran de forma arbitraria los títulos a Elena con el fin de ganar favores del gobierno de los Ceaușescu o del régimen políticos rumano. Por si les suena de algo el tema.

La enciclopedia rumana de la época  dedicaba a Elena una media página para listar todos sus títulos y premios. Museos rumanos exponían sus distinciones y logros académicos. También llegó a ser miembro destacado de la Academia de las Ciencias y directora del Instituto de Investigaciones Químicas rumano. A esto Begoña aún no ha llegado. Pero todo llegará.

Su marido, el que ha comprado el poder a los separatistas, terroristas y demás enemigos de España sería, en realidad, un pelamangos de su suegro que gobierna comprando votos y voluntades frente al odio y la animadversión bien ganada de la mayor parte de la Nación.

Es lo que ha venido en llamarse «la legishartura» de Sanchez, que para comprar el sillón de su despacho, en lugar de ir a Ikea, como todo el mundo, se lo ha comprado a condenados por sedición, secuestro e incluso asesinato.

-¿Que queréis, relato? Os lo compro. -¿Amnistía?, os la doy. Y de regalo y por el mismo precio la tómbola de Sanchez regala la panterina rosa de Yoli Panoli, que se deja utilizar para traicionar a todas sus compañeras y compañeros, camaradas todes, una vergüenza más como vicepresidenta del Ministerio del tiempo, otra Ceaucescu en pequeño.

Y para terminar de comprar el poder, para acabar con lo que había a su izquierda, a Pedro Sanchescu le contrataron una traidora comunista de salón encumbrándola como si fuera Juana de Arco recién salida de la peluquería. No faltó más que la hicieran beata.

Esta es el viaje en el tiempo que estamos viviendo, la máquina del fango, «la legishartura» de Sanchez. El régimen de los Sanchescu.

 

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