Acepto que en otros aspectos de la vida,
Como personas, hay Rojos que son buena gente:
Corazón recto y con la mente no torcida;
Harina de otro costal, políticamente,
Pues son perros sin bozal y potras sin brida;
En Política, Rojos no hay ni uno bueno,
Bien mirado, ni siquiera casualmente;
A fuego grabado llevan tanto en la frente
Como en el pecho, que nos pone el signo obsceno
De la Hoz y el Martillo de cuerpo presente;
A los hechos me remito: ¿Qué es lo que han hecho
Los Rojos en España que sea de provecho?;
El escaso tiempo que han tenido el Gobierno,
España la han dejado, sino un infierno
Ardiendo, desolada tierra en barbecho;
¿Y qué coño es lo que hacen actualmente,
Como no sea llenar la andorga y vivir del cuento?;
¿Que hace que valga la pena el indigente
Garzón, a quien habrá que hacerle un monumento,
Por ser de entre los Rojos el mayor jumento?;
En esta historia, el Iglesias cabalmente,
En vivir a lo grande como un terrateniente
De antes, -la sangre le tira sin recelo
Alguno-, es el ejemplo del Rojo candente,
Que, desde su casoplón, puede asaltar el cielo;
Dicho lo cual, como al enemigo puente
De plata, tal como huye de la serpiente
Venenosa, los Rojos, evidentemente,
El que se vayan a la mierda no se siente,
Porque políticamente … ¡son mala gente!.

