¡MALA GENTE!

¡MALA GENTE!

 

Acepto que en otros aspectos de la vida,

Como personas, hay Rojos que son buena gente:

Corazón recto y con la mente no torcida;

Harina de otro costal, políticamente,

Pues son perros sin bozal y potras sin brida;

 

En Política, Rojos no hay ni uno bueno,

Bien mirado, ni siquiera casualmente;

A fuego grabado llevan tanto en la frente

Como en el pecho, que nos pone el signo obsceno

De la Hoz y el Martillo de cuerpo presente;

 

A los hechos me remito: ¿Qué es lo que han hecho

Los Rojos en España que sea de provecho?;

El escaso tiempo que han tenido el Gobierno,

España la han dejado, sino un infierno

Ardiendo, desolada tierra en barbecho;

 

¿Y qué coño es lo que hacen actualmente,

Como no sea llenar la andorga y vivir del cuento?;

¿Que hace que valga la pena el indigente

Garzón, a quien habrá que hacerle un monumento,

Por ser de entre los Rojos el mayor jumento?;

 

En esta historia, el Iglesias cabalmente,

En vivir a lo grande como un terrateniente

De antes, -la sangre le tira sin recelo

Alguno-, es el ejemplo del Rojo candente,

Que, desde su casoplón, puede asaltar el cielo;

 

 

Dicho lo cual, como al enemigo puente

De plata, tal como huye de la serpiente

Venenosa, los Rojos, evidentemente,

El que se vayan a la mierda no se siente,

Porque políticamente … ¡son mala gente!.

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Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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