¡QUÉ PENA!

¡QUÉ PENA!

 

Según el tema, tiene una u otra cara,

Es el “homo-poliétricus”, pero, como

El aceite, quedando siempre encima:

Si tiene que ser monje, el Prior; con vara

De mando en el Ejército, el mayordomo

En Palacio, … y aire fresco en la calima;

En Polifacética es suma cum laude,

Anatemizando a quien no le aplaude;

 

Incluso del elixir de la juventud

Tiene la patente, y a sus setenta años,

No es peluca lo de su testa, es pelo;

Es un muerto que goza de buena salud,

Tanta que todavía le quedan redaños

Para, saliendo de su sepulcro, con celo

Postizo, muecas forzadas, gestos intonsos

Y otros recursos, cantar sus propios responsos;

 

De su Presidencia en Castilla la Mancha,

No alardea mucho; mejor dicho, nada;

Ahí hay mucha ropa sucia que lavar,

Y, como sus abriles en una revancha

No le abunda lluvia para la colada,

Tira de brida y …. ¡pelillos a la mar!;

Cuando el sol quema, el caballo en el establo,

Y él en la cama, no sea que enrede el diablo;

 

Siendo que he sido un forofo verdadero

De este zascandil, a pesar de tanto pero,

Lamento, y en esto también soy muy sincero,

Que no llegara a la meta en el sendero

De Presidente del Gobierno, pues de vero,

Nos habría ido mejor que con quien bajo cero

Nos dejó ateridos: … ¡el vil Zapatero! …

¡Qué pena, señor Bono, quedar de sobrero!.

 

 

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Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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