Sonrisa

EL MOSTRADOR COMO ESPEJO

Cuando la educación se pierde, se rompe la trama invisible que nos sostiene

EL MOSTRADOR COMO ESPEJO
Gente. PD

Trabajo de cara al público. Mi oficio es atender, pero en realidad observo.

El mostrador es un espejo donde desfilan todas las formas de estar en España: la sonrisa que ilumina la mañana como un sol inesperado, la mueca que oscurece el instante, la mano que agradece y el dedo que exige, la mirada que comprende y la que atraviesa como si uno fuera aire.

Veo bondad y veo aspereza. Veo educación que suaviza los pasos y descortesía que los enmaraña.

Un “por favor” puede abrir puertas que ninguna llave alcanza; un “gracias” puede sostener horas de cansancio.

Las sonrisas que llegan sin pedir nada tienen la fuerza de la luz en medio de la rutina, y cuando desaparecen, todo se vuelve más pesado, más árido.

La crispación se ha vuelto atmósfera, un veneno que se filtra en conversaciones, colas y silencios.

Las prisas muerden, la impaciencia hiere y la piel se vuelve frágil.

Cuando la educación se pierde, se rompe la trama invisible que nos sostiene.

El respeto y la gratitud no son formalismos; son inteligencia y valentía.

Sin ellos, España se endurece, se aísla y olvida su propia humanidad, y lo que queda no es más que eco de sí misma.

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