Ayer al “Mowgli” y a mí nos pilló el algarazo de agua en pleno monte: Lo disfrutamos. Agazapados y al resguardo de una gran encina, protegidos por su tronco y por sus ramas colgantes casi hasta el suelo, fue una gloria ver llover, sentir llegar las telas grises desde el horizonte y, por fin, venir el agua sobre los campos, los rastrojos, los romerales, los chaparros, las aliagas, los enebros y los robles. Hasta me encendí un cigarrillo, que ya se que es pecado, pero gozoso ¿Qué sería de nosotros sin nuestros vicios?. Un asquito insoportable de perfección es lo que seríamos.
La lluvia llegó al monte y se alejó antes de lo que uno hubiera deseado. Confío en que fuera tan sólo un preludio de un otoño abundoso en aguas. Con su retirada nosotros salimos también del escondrijo para disfrutar de su rastro. Nos dio tiempo a cazar una perdiz y con ella tan contentos regresamos a la cabaña. Justo a tiempo para que el siguiente chaparrón ya nos cogiera bajo techo y junto a la lumbre.
Entonces me dijeron que me han dado un premio las gentes de la Sierra , del Negra, la de Ayllón o Norte, llámenla ustedes como quieran que los de por allí con Sierra ya nos vale. Han creado una asociación cultural entre todos los pueblos y para su primer gran encuentro han querido acordarse de mi y nombrarme “Serrano del Año”. Me dice el vicepresidente que me darán “algo” y que tengo que ir a recogerlo el sábado a Las Minas, o sea y para el personal de fuera, a Hiendelaencina. No se que será ese “algo”, que será mucho sin duda por venir del corazón de los que viene, pero ya me ha dado a mi esa Sierra y sus gentes lo que yo no podré devolverles nunca. Ha sido mi horizonte y mi sueño desde niño, ha sido mi paisaje literario, es la fuente de la que ha mandado “El rio de la Lamia” y sus sus valles, sus rios y sus cuevas por las que ha cruzado y cruza “Ojo Largo”, por las que corrió Viento en la Hierba, por las que combatió el clan de Nublares y es allí donde hibernó, en la Cueva del Oso, “El ultimo cazador” y de donde partieron los Merodeadores hacía el Río del Oro y el misterio del Gran Azul de las aguas y el cielo.
Mucho debo yo a esa Sierra ,que es la mia. Y ahora tengo una vez más que quedar en deuda y dar las gracias.
