Santiago López Castillo

La patita de Podemos

La patita de Podemos
Santiago López Castillo. PD

La patita -por debajo de la puerta- es una forma candorosa de llamar a los seres falsarios conocidos también por engañabobos. Claro que engañan a los que se dejan engañar, que son un huevo o, como diría el recordado Santiago Amón, en España no cabe un tonto más. Esta casta mugrienta, con olor a porro de facultad, a la que le gusta la pasta, la bolivariana, esa, más que a un tonto un lápiz, se pasa la vida protestando y prohibiendo, pasándose a la autoridad por el forro de los cojones, dicho sea en purita verdad aunque sea mal sonante la expresión.

Tetas fuera, pecho lactante con marca de la casa, no de Clesa, los municipales tocando el violón y la energúmena ex jueza de Canarias, ¡usted no sabe quién soy!, parafraseando a la pazguata e independentista Pilar Rahola. Y eso que otrora la izquierda «progre» censuraba a Fraga cuando dijo aquello, como ministro del Interior, que «la calle es mía» (antes se coge a un embustero que a un cojo). No. La huestes de Podemos son paquidermos y trogloditas. Amenazan, hacen acoso y derribo, escraches, dígase acosos, enaltecen a los terroristas y los asesinos son para ellos «presos políticos, gentes de paz». No quieren que los super-trailers transiten por nuestras carreteras, que haya iglesias, ni semanas santas, ni policías ni barrenderos, la mierda es nuestra, y viven en casas de protección oficial y en urbanizaciones de lujo. Ah, y que se derogue la prisión permanente revisable, to er mundo e gueno…
Lo que usted acaba de apuntar es sólo hojarasca. Lo profundo es el abono que está vertiendo esta formación política, por llamarla de alguna manera, para derribar el sistema sustituyéndolo por la anarquía o revolución. Eso sí, como apuntara Lenin en su doctrinario, todas las acciones han de ir acompañadas de la expresiones «democracia» y «Estado de Derecho». Pero en cuanto se presente la oportunidad -apostillaba el pensador ruso asesino-, «hay que asumir el poder sin ningún escrúpulo». Estos asamblearios y profesores de pacotilla son anhelantes de la poltrona -como el indigente Sánchez- y no se les echará ni con agua hirviendo.

Hombre, en lo que sí estoy de acuerdo con Pablo Iglesias y sus cuates es en la protección del lobo. Pero, miren, no tiene mérito ahora. Los animalistas, que, asimismo, estamos en contra de la mal llamada fiesta nacional, venimos defendiendo desde decenios a este bello ejemplar que puebla nuestras tierras, siendo el amigo Félix su gran emblema. Pero el radicalismo se apunta a un bombardeo. Sin reparar en que muchos agricultores, en vez de proteger a su ganado, prefieren la subvención por una oveja muerta a la cerca, con el añadido placentero de pegar un tiro al cánido.

«Podemos» sí es el peligro. Imaginémonos a ese muñeco apellidado Errejón con su cara hueca y sus gafitas de universitario revolucionario dirigiendo el Ministerio del Interior. Cuerpo a tierra…

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