Jordi Rosiñol Lorenzo

La peste a pólvora y naftalina

La peste a pólvora y naftalina
Jordi Rosiñol

La Diagonal barcelonesa se ennegrece, se torna grisácea la soleada mañana de Septiembre, el cielo se encapota justo en el momento que la sombría figura de Arnaldo Otegi apoya el pie en la acera abandonando el taxi, el vehículo lo deja en la puerta de Cataluña Radio, al separar la hoja del quicio de la puerta de la emisora, el olor a rancia naftalina del medio de comunicación se mezcla con la peste a pólvora que aún desprende el condenado por pertenencia a ETA, con complaciente complicidad viene a recibir el cepillado dócil de la periodista estandarte del régimen, un sistema que divide y enfrenta a la sociedad catalana desde hace ya años, «La bien pagá» se siente a gusto entrevistando al compinche del terror, y compartiendo con él el delirio totalitario de quienes se pasan por el arco del triunfo las leyes, las sentencias, y por ende la libertad y la democracia.

Otegi se siente una estrella del Rock en la emisora que pagamos todos, y que solo manejan, es decir que manipulan esos pocos, mangonean con el fin de adoctrinar a la cada vez más menguante audiencia, aún así el marketing goebbeliano se resiste a torcer su brazo, como un moribundo cetáceo reparte coletazos a diestro y siniestro, como pollo sin cabeza corren sin parar sus comisarios, topando con las paredes de la razón, del sentido común, de la convivencia, del respeto, desafiantes no quieren perder sus prebendas, las decenas de estómagos agradecidos ven disminuir a sus acólitos, ven mermar a las camisas nuevas del independentismo catalán en cada acto, en cada aquelarre sectario, asustados contemplan como se ajan y se decoloran las «esteladas» en los balcones, y la siniestra estrella Abertzale invitada no es más que un puñado de tierra sobre el ataúd del «Procés»

La foto final de la sonriente locutora junto con el terrorista, produce simplemente asco en la gente de bien, en las personas con sentimientos, si la sucia imagen deja un regusto amargo en la sociedad, no quiero, no puedo imaginar a los amigos, familiares y víctimas de ETA que sensaciones les debe producir tal felonía, ver que a pesar de estar inhabilitado para cargo público Otegi, confirmado por el tribunal constitucional que no puede ser electo en ningunos comicios electorales el tipo, como se les puede explicar a las víctimas, que quien gobierna esta región no solo permite, que también avala y financia la práctica mamporrera de periodistas de los medios públicos.

Una vez alcanzado el clímax, e inmortalizado el momento, es al salir de nuevo a la Diagonal, al levantar la vista los dos, es en ese momento que se cruzan con las miradas fijas y limpias de las víctimas mortales, de los muertos desplazados desde la avenida Meridiana entre otros lugares de la geografía catalana, se despiden de las sucias conciencias bañadas de ungüento de pólvora y naftalina.

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