Santiago López Castillo

El divertimento feminista

El divertimento feminista
Santiago López Castillo. PD

No cesan de brotar los sentimientos feministas y en menor medida los antifeministas. Las hordas que enaltecen a la mujer -con el calificativo de espléndido- son las mismas que dejan que pateen a unas mujeres de Alsasua, pero es que son familia de guardias civiles. Miren, señoras, ¿no creen que nos agotan, nos hastían? Que están enfrentando a los dos sublimes sexos y sacan a paseo los géneros y eso tuvo su época en el transexualismo como lo tuvo el destape con los pechos corni-finos. Las de los movimientos anti-machistas, las que usan la plaza Mayor para sus necesidades reivindicativas, me debieron leer cuando les recordé que ya en 2012 ZP sacó una ley aciaga y hoy seguimos en el degüello.

Penas inclementes son las que se deben aplicar. Claro que luego me viene su señoría con su espíritu contrito y me sueltan al criminal y le invitan a unos tragos con un pincho de tortilla. Ahora, la que ha largado es Cristiana Cifuentes, que va de progre por la vida y más si la arrean los del Niño de la Bola, me refiero a esa imagen que tanto se venera en Austria y lo digo también por sus infundios políticos a que nos tiene acostumbrados. La presidenta de la comunidad se ha metido en un chascacarrillo feminista (tomarla por tomadla) agitado por la pancartita de «stop al machismo», reo es de muerte, lo que le han congraciado su componente sexista; el niño con pilila para el nene y la nena, la niña con vulva y sin ella, y el autobús ejemplarizante para los paseos turísticos de la ciudad.

Y ya, por si fuera poco, apologética de la muerte.

– Esta tía -oí en mis paseos madrileños- pronto nos pasaporta al otro barrio.

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