El drama del independentismo catalán es u mal gusto

Los restos fecales

Los restos fecales
Muñecos con los logos de PP, PSOE y C´s, colgados de un puente. Dolça Catalunya.

Los muñecos de los partidos constitucionalistas colgados del revés en un puente, o el payaso de TV3 diciendo que quiere cortarle el cuello al ministro del Interior, certifican que el independendentismo ha muerto y que sólo le quedan los restos fecales de los que mañana el servicio de limpieza se ocupará.

Pasa siempre con la derrota. Los inteligentes la admiten y se dedican a otra cosa o vuelven a empezar. Los intercambiables se aferran a los desechos que todavía flotan y hacen el ridículo un poco más.

No son cosas que tengan demasiada importancia, aunque el pobre tonto que dijo que quiere cortarle el cuello al ministro Zoido es el mismo que disparó contra una caricatura del Rey Juan Carlos hace algunos años; y que sea un idiota no significa que no esté como todos sujeto a las consecuencias penales de sus actos. Contra la racaille cuando se excede hay que actuar de un golpe duro y seco aunque sólo sea para dejar constancia de dónde marcamos una raya.

Pero a pesar de la terrible estética, del odio y de la inelegancia, es muy de agradecer que actuaciones como éstas las protagonice el adversario, porque evidencian la derrota, la desesperación, la renuncia a cualquier cálculo en la que te abandonas cuando toda contabilidad te es irreversiblemente contraria.

Uno que va ganando nunca es tan torpe. Uno que es o está a punto de ser mayoritario, y de poder conducir a los suyos hacia el objetivo deseado, se guarda muy mucho de estridencias chabacanas y es prudente hasta que puede dar la cima por coronada.

El independentismo está en estado de descomposición, sin posibilidad de remontada porque sus propios líderes lo han asesinado, y aunque hay y seguirá habiendo independentistas en Cataluña, y puede que algún día se organicen con más talento y con más eficacia y finalmente ganen, el «procés» tal como desde 2012 hasta hoy lo hemos conocido, está muerto y enterrado, y en gran medida su fracaso se debe a la pobreza intelectual en que se ha inspirado: desde pobres diablos como el de TV3 hasta Pilar Rahola, pasando por tantos otros mediocres, pedantes e iletrados que no han tenido ni una sola idea positiva y fértil, ni lúcida ni siquiera bien formulada por la que mereciera perder, ya no una casa, sino una tarde de trabajo.

La inteligencia todo lo puede. La estulticia todo lo mata. El drama del independentismo no es España, ni esta derrota que bien pudiera ser momentánea, ni los demás Estados de la Unión, sino su mal gusto político, estético y moral; y que en lugar de aprender de sus imbéciles y de sus errores, para no repetirlos jamás, los convierte en héroes y en fiesta nacional.

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