ANÁLISIS

Jorge del Corral: «Mejor nos iría a todos si el Gobierno de España tuviera un dircom para su política exterior»

El Gobierno de España está dejando señas de flojera en su batalla contra la propaganda independentista

Jorge del Corral: "Mejor nos iría a todos si el Gobierno de España tuviera un dircom para su política exterior"
Mariano Rajoy, líder del PP y presidente del Gobierno de España. David Mudarra.

Es necesario que el Ejecutivo trabaje en explicar fuera y dentro de nuestras fronteras lo que está ocurriendo en Cataluña

Uno de los refranes que con más precisión reflejan, a mi juicio, la indolencia española y sus nefastas consecuencias es el que dice que “el mejor paño en el arca se vende”. Falso. Nada se vende solo si no se pregonan sus cualidades y se acerca al consumidor. Ha sido así siempre, desde mucho antes de Marco Polo, y lo es ahora, con más razón, en un mundo globalizado, interconectado y depredador, en el que, por seguir con el refranero, el más tonto hace relojes.

Hasta que nuestras empresas no salieron al exterior no dejaron de ser unas paletas a las que otras miraban con desprecio y por encima del hombro. Y cuando marcharon, gracias a una generación de empresarios que se merece un monumento, y empezaron a hacer las cosas bien, a competir y a luchar a brazo partido, sin miramientos ni complejos, se hicieron un lugar en el mundo y ahora son multinacionales de primer orden, respetadas y temidas en los sectores de las infraestructuras, de la ingeniería civil, del transporte aéreo, de la alta velocidad ferroviaria, de las telecomunicaciones, de las energías renovables, de la tecnología sanitaria, aeronáutica y naval, del turismo, del agroalimentario, del textil, del diseño, de la banca. Y para seguir en el machito, crecer y comer cada día, invierten en I+D+i, y en comunicación y reputación corporativa.

Y, en este estratégico sector de los dircoms (directores de comunicación), se dotan de potentísimas direcciones generales que están ojo avizor las 24 horas del día y los 365 días del año (bisiestos incluidos); informan permanentemente a los mercados, a los clientes, a los medios de comunicación y a la propia empresa con eficacia y transparencia, saltan como tigres cada vez que la competencia difunde mentiras o medias verdades o verdades completas de su marca y, en definitiva, se hacen patentes y fuertes allí donde sea menester.

Prueba de todo cuanto digo son los reconocimientos que han obtenido muchas de ellas en los recientes Premios DIRCOM-Ramón del Corral, otorgados por un exigente jurado nombrado por la Asociación de Directivos de Comunicación, que un día fundó y presidió Moncho del Corral, con otros visionarios del sector.

Ciento treinta y cinco proyectos de comunicación que optaron a 22 premios y que consiguieron empresas del calibre de Mapfre, Llorente&Cuenca, El Corte Inglés, Novartis, Securitas Direct, Cepsa, Aqualia, LafargeHolcim España, Coca-Cola, Fundación Lilly, Planner Media y Sacyr. Compañías que ahora concursan a los Premios Internacionales Fundacom a las mejores prácticas en comunicación corporativa en español y portugués, y para quienes la difusión empresarial interna, externa e integrada y por todos los soportes es componente de su ADN, su oxígeno y humus para formar y motivar a equipos con los que elaborar y defender productos competitivos para un mercado exigente y en continua expansión.

Traigo esto a colación para poner de relieve la flojera del Gobierno y de sus instituciones (excepto del sistema judicial), del Estado en definitiva, en la batalla contra la propaganda, las mentiras y los falsos relatos que los independentistas catalanes han hecho, hacen y seguirán haciendo contra España en su tozuda lucha para romper nuestra unidad.

Los partidarios de la secesión, como ha subrayado Luis Sánchez-Merlo, “se han tomado en serio lo que se ventilaba en cada momento en los medios de comunicación internacionales y han dedicado tiempo y dinero a explicar sus planes y sentimientos, cosechando un éxito notable al haber construido una narrativa eficaz” que no ha sido contrarrestada por el Gobierno, inane con la izquierda y con la derecha. Porque la dinámica del nacionalismo -dice María Elvira Roca Barea– “es perversa: o gana e impone su criterio, eliminando la disidencia, o pierde y entonces convierte la pérdida en ganancia, es decir, en agravio y excusa para la confrontación: perder para ganar. El nacionalismo necesita siempre un enemigo, ya que no sabe construir en positivo, hacia arriba y hacia delante, sino hacia atrás y hacia abajo. Busca la fragmentación, ya que el control de lo pequeño es siempre más fácil que el de lo grande”.

Voces contra la mentira

Los independentistas catalanes se apoderan del lenguaje como antes lo hizo ETA. Fue su primera victoria, a la que después se unió la de la comunicación internacional mediante la elaboración de un relato falso a la medida de sus objetivos, que ha sido comprado por el New York Times, The Guardian, The Times, Washington Post, Le Monde, Der Spiegel, sin que las instituciones del Estado concernidas hayan comparecido para contraponer la verdad.

Y, como ha declarado a ABC el historiador Jordi Canal (Olot, 1964), autor del excelente libro Con permiso de Kafka: el proceso independentista en Cataluña (Península Atalaya), “hay que hacer un trabajo de explicar lo que está ocurriendo en Cataluña fuera y dentro de nuestras fronteras. Es responsabilidad del Gobierno, pero también de la oposición, de los intelectuales y de toda la sociedad. España ha tenido una excesiva confianza en que quien tiene la razón no debe entrar a explicar las cosas. Gracias al silencio de la otra parte, los nacionalistas han ganado una y otra vez. Han construido con mentiras un discurso positivo, creído y atractivo. Una religión”. A la vista de todo esto, ¿para cuándo un servicio exterior con un potente servicio dircom?

A diferencia de lo que ocurre con la leyenda negra contra España, en la que una parte de la intelectualidad española colabora activa y eficazmente en la asimilación de los prejuicios de la misma porque entiende que oponerse a ellos es ser un anticuado, un hombre fuera de la modernidad, esta vez y, frente al independentismo catalán, muchos y notables intelectuales han tenido redaños para dar la cara con gallardía, defendiendo públicamente la unidad de España y la calidad democrática de sus instituciones.

Y en este elenco es de justicia resaltar a Javier Barraycoa, Jordi Canal, Javier Cercas, Albert Boadella, Antonio Banderas, Elvira Roca Barea, Francesc de Carreras, Adela Cortina, Santiago Muñoz Machado, Luis María Anson, Benigno Pendás, Ramón Tamames, Peridis, Antonio Muñoz Molina, Javier Marías, Joaquín Arango, Cándido Conde Pumpido, José Manuel García Margallo, Iñaki Gabilondo, Miguel Ángel Aguilar, Arcadi Espada y muchos más, que lo han hecho y lo siguen haciendo con libros, declaraciones, artículos, conferencias y debates en medios de comunicación y foros internacionales.

¡Con estos dircoms, uno se reconforta! Cómo vivifica leer Cartas al Director de ciudadanos de Cataluña que, con nombre y apellidos, critican el independentismo y a sus promotores, y defienden a la nación española y su democracia; o comprobar cómo se organizan grupos de ciudadanos de Cataluña, pacíficos (¡ellos sí que lo son, y no los CDR!), libres e iguales, que, sin cobrar prebendas o sueldos con dinero público, como tienen por costumbre los nacionalistas, se organizan para salir a las calles por la noche y limpiar de pintadas y símbolos independentistas los espacios públicos y las fachadas y balcones de ayuntamientos mal regidos; o quienes integran con brío Sociedad Civil Catalana, o Tabarnia; o grupos de Mossos d’Esquadra (Unió de Mossos por la Constitució -UCM-) que, “superando muchos temores”, se atreven “a salir de las catacumbas en las que quieren encerrarnos y normalizar el respeto al Estado de derecho”. ¿Acaso esto no es hermoso y gratificante? ¡Ánimo!

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