Análisis

F. A. Juan Mata Hernández: «Memoria histórica. ¿Golpistas o mártires de la II República?»

F. A. Juan Mata Hernández: "Memoria histórica. ¿Golpistas o mártires de la II República?"
Memoria histórica calles

Las palabras de algunos políticos huelen a rancio, manipulan la historia con argumentos tan caducos y ajados que semejan una película de los años 30. La historia real no es la que cuentan los demagogos populistas de izquierdas; la verdadera, la que no está demonizada por progresistas de salón, debiera recordar no sólo una parte de los hechos, sino las causas que los impulsaron.

La crítica política lleva los 40 años de democracia cuestionando la actitud de los golpistas que terminaron con la II República y obviando los que dieron lugar a su venida. Y no sirve, al respecto, la indulgencia tradicional o desmemoria sobre el golpe de estado de 1930 al considerar que sus consecuencias no fueron tan graves como la del 1936, sin obviar la actitud generosa versus egoísta de uno y otros. Me refiero aquí, respectivamente, a Alfonso XIII y al último gobierno republicano.

Veamos esa otra cara de la Memoria Histórica.

Los orígenes de la II República española se atisban más allá de 1931, cuando se constituyó un Comité Revolucionario Nacional, CRN, republicano-socialista, del que formaban parte, entre otros, Niceto Alcalá Zamora, Indalecio Prieto y Casares Quiroga. Pusieron en marcha un golpe militar, marcado desde su inicio por la incertidumbre sobre si la población, que en su mayoría adoraba al Rey, se volcaría a su favor. Se trataba de trocar la ancestral monarquía española, en una república de patricios compuesta fundamentalmente por fuerzas regionalistas excluyentes y partidos de izquierda. Contaban para ello con el apoyo de algunos militares y con el sindicato UGT; suficiente apoyo, pensarían, para mover la opinión y la voluntad de las masas ancladas en el miedo y la ignorancia.

Despreciaban el conservador voto rural porque opinaban que el obrero votaría lo que le dijese su patrón, y también el femenino, pues decían que la mujer delegaba la opinión en su marido. Es decir, buscaban democracia a la par que la denigraban. Yo me pregunto si ahora, con similar argumento, se invalidaría el voto de la ignorancia que se apoya en los medios de opinión. A fin de cuentas prácticamente nadie conocemos a quienes votamos. ¿Por qué no hay listas abiertas de políticos más próximos?

Pero repasemos los hechos:

-En agosto de 1930 tuvo lugar en San Sebastián una reunión de los partidos políticos republicanos, con asistencia del líder socialista Indalecio Prieto. Se trataba de fijar una estrategia, para, a través de un golpe de estado, destituir al monarca legítimo, Alfonso XIII. Se llamó el Pacto de San Sebastián.

-En noviembre de 1930, conocedor de que algo grave se tramaba, el general Emilio Mola (uno de los del posterior alzamiento de 1936) escribió una carta al capitán Galán, antiguo amigo suyo, en la que le pedía que reflexionara con estas palabras: «…recuerde que nosotros no nos debemos ni a una ni a otra forma de gobierno, sino a la Patria, y que los hombres y armas que la Nación nos ha confiado no debemos emplearlos más que en su defensa».

-En diciembre de ese mismo año, el Comité Revolucionario Republicano, del que formaba parte Casares Quiroga, delegó en el capitán Fermín Galán la dirección de la sublevación y se fijó la fecha del día 15 para el golpe militar.

Fermín Galán no escuchó al general Mola y tampoco respetó la fecha fijada por el Comité, pues temeroso de que el tiempo bloqueara la zona, adelantó el golpe tres días. El 12 de diciembre de 1930 sublevó la guarnición de Jaca, que estaba a sus órdenes, y mataron a tres guardias civiles que defendían la legalidad. A la mañana siguiente, izaron la bandera republicana en el Ayuntamiento de Jaca, proclamaron la II República en nombre del Gobierno Provisional, detuvieron al gobernador y a los jefes y oficiales que no le habían seguido, y mandó cursar el siguiente bando militar: «… Artículo único: Aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa».

Aunque los trepas políticos que vemos ahora dar codazos desde la siniestra, tratan de vendernos ese humo de la Memoria Histórica, convendría que explicaran por qué se hace apología, se honra y nominan calles a favor de este golpista, mientras se retiran las que aparecían a nombre de quien trató de disuadirlo del golpe. ¿Quizá porque Mola era monárquico y Galán republicano? Pero había un gobierno legítimo y ni el Comité Revolucionario ni Galán lo respetaron.

Y así, en un período de tiempo relativamente breve, se sofocó la rebelión armada y se fusilaron a sus cabezas visibles, pero se respetaron a los que permanecían ocultos. Estos enardecieron a las masas con proclamas de victimismo -algo muy similar a los lazos amarillos de ahora-, y forzaron la convocatoria de unas elecciones municipales; luego, sin esperar al recuento definitivo, se declaró la II República.

Se instauró un nuevo sistema, teóricamente más cercano a los ciudadanos y elegido por ellos, pero como dice Milan Kundera, «el río fluye de una edad a otra y las historias de la gente transcurren en la orilla». El río de los voceros republicanos llenó España de banderas rojas y tricolores, pero las historias de la gente, que es donde se justifica la acción política, transcurrieron en una orilla de miseria, revueltas separatistas, asesinatos políticos y persecuciones por practicar un credo religioso….

Ya sabemos cómo acabó la aventura republicana, quizá por aquello de que «quien a hierro mata…». Así que, para ser coherentes y censurar el golpe que terminó con la II República, debiera hacerse un tratamiento similar con el que propició su llegada para derribar otro gobierno, sin duda más legítimo, el del rey Alfonso XIII. Es cierto que Emilio Mola fue uno de los generales que se alzaron en armas en julio del 36, pero él murió en los primeros meses de la guerra, así que dudo que en su debe hubiera mayores salvajadas que las achacables a otros notables del Frente Popular.

Una verdadera tragedia fue lo que trajo el Golpe militar de Jaca en 1930 al facilitar la llegada de la II República española. Y al ingenuo golpista ejecutor hoy le honran y le llaman mártir, aunque muy probablemente obrara de buena fe y fuera de los que menor culpa tuvieran en aquellos actos. No es comparable el daño que produjo el golpe del 36, con el muy limitado del 30, pero el delito fue el mismo. Por otro lado, la reacción de Alfonso XIII para evitar el enfrentamiento, asegurando que no quería que se derramara sangre por él, fue mucho más generosa que la de sus sucesores republicanos que no sólo permitieron que se desangrara nuestro país, sino que lo expoliaron al llevarse el oro de las reservas del Banco de España y los mejores cuadros del Museo del Pardo. Yo dudo que el idealismo político tuviera mucho que ver en esa actitud.

Esto es también Memoria Histórica señores progresistas de izquierda. Es hora de que los verdaderos demócratas constitucionalistas rechacemos un comportamiento político tan ponzoñoso y letal como el que ustedes representan. Porque así fue como se construyó, desde la traición, el golpe militar y la movilización violenta de las masas, la funesta II República. Mejor sería no tener que construir una III.

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