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Carlos Dávila: «Parot-Sánchez; tras la inmensa felonía»

Audiencia y tribunal, deberían haber enrojecido de vergüenza en la hora en que redactaron los correspondientes bodrios

Carlos Dávila: "Parot-Sánchez; tras la inmensa felonía"

La complacencia del Gobierno de Sánchez con el asesino Parot no ha sido inocente: ¡qué va, ha sido premeditada! De entrada, y para que nos vayamos enterando, veinticuatro horas después de aquella algarada terrorista, Aizpurúa, hoy portavoz de Bildu en el Parlamento, y antaño, no tan lejos, editora de un par de periódicos, Egin primero, ahora Gara, que llevan decenios a encubrir, cuando no festejar los crímenes de la abyecta banda, se plantó en la emisora de cabecera, Radio Euskadi, para adelantar que la postura de su coalición a la aprobación de los Presupuestos del dúo social-comunista empieza a ser favorable. Esa es la primera consecuencia, sólo la que se ve, de la complicidad de Sánchez con el criminal Henry (ahora se hace llamar Unai, o sea pastor de vacas), pero hay más e incluso más significativas. Sánchez, ya se sabe, no escatima en medios ni en martingalas de disimulo, así que para aguar en toda su intensidad el fuego del homenaje, aprovechó una muy dudosa manifestación, dicen que pronazi, para asentar en toda la panoplia de medios afectos, cada día en mayor medida mamporreros suyos, que el auténtico peligro no es una ETA que, afortunadamente, ya ha dejado de matar, sino este florecimiento, de grupos fascistas que, en opinión de su socio, Pablo Iglesias, “o les derrotamos o nos derrotan”.

De forma que, dado que eso de la ETA ya se ha hecho viejuno y nuestros jóvenes ni siquiera saben de qué se trata, lo sugestivo es ahora mismo convertir, vía propaganda pagada por nosotros mismos, todo lo que no está representado en el Consejo de Ministros, en escoria fascista, hasta nazi que era la ideología que mataba gente. Esa es otra derivada, pero aún queda por reseñar una tercera: la que este psicópata narcisista ha introducido en las instituciones, de forma que éstas (estoy refiriéndome a la Judicatura) se guardan mucho de llevar la contraria al jefe. La decisión de la Audiencia Nacional llamándose Pilatos en el caso Parot, es una de las más repulsivas desde que se creó este organismo. Por no decir nada, desde luego, del sometido Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que ya es de hecho, una pata más de la política de olvido y utilización que ha emprendido Sánchez para usar a los facciosos humanicidas de ETA.

Una y otro, Audiencia y tribunal, deberían haber enrojecido de vergüenza en la hora en que redactaron los correspondientes bodrios. ¿Por qué? Sus protagonistas lo saben, pero se lo recuerdo para que, si es posible, les salgan ampollas en las manos que firmaron esa indecencia. En uno de sus constantes apariciones en los tribunales, sobre todo en la Audiencia Nacional, Parot reveló sin ambages, sin arrepentimiento alguno, que, efectivamente, él había rematado personalmente en el suelo a la fiscal Carmen Tagle después de haberle ametrallado sin piedad. Años después, los de ahora, sus colegas, jueces y fiscales, aceptan el homenaje al pistolero que asesino a la heroica profesional. Otro colega más, el hoy ministro del Interior, el indigno Maral, se ha sumado, por la vía de su aprobación, al homenaje a Parot. Ya no es el mismo que en 2014, no hace tanto tiempo, impidió que una de las causas contra el criminal, probablemente la del atentado contra el capitán general de Madrid, Quintana Lacacci, fuera prácticamente archivada; al revés, incoó un procedimiento que engordó el volumen de años de cárcel, 4.700 años, que ya acumulaba Parot. De aquel momento, rememoro uno de los argumentos del entonces magistrado: “No hay un solo motivo que haga pensar en que el citado haya pedido perdón por sus actos”. Como suena.

Ahora mismo Sánchez ha articulado una enorme estrategia para disfrazar los horrores que sus del momento perpetraron contra todos los españoles. Por eso, no hay engaño posible: Sánchez ha organizado una campaña terrible, terrible por lo que tiene de oprobiosa, para enterrar para siempre a las novecientas víctimas de ETA, a todos los heridos y a los cientos de familiares hoy todavía espantados porque ni siquiera el Estado ha investigado quiénes fueron sus ajusticiadores. Encima, para mayor inri, la campaña la disfraza con sanas palabras como  misericordia (esa se la ha copiado al Papa Francisco) y  perdón. En su patológica mente sólo anida el permanecer, aunque sea con los votos de los filoterroristas. El objetivo es Franco, y los supuestamente renacidos grupos de ultraderecha. ¿Por qué no desvela la Policía quiénes son, quién los convoca y quiénes les financia? La respuesta es clara: sirven al poder. ¿Hasta el punto de estar trufados por agentes o agentillos del CNI? El que diga que no, que se presente en la puerta de vestuarios. Este cronista no lo hará. La felonía de Sánchez sirviéndose de Parot por un lado y los descerebrados fascistas por otro, está perfectamente articulada. Se trata, cara a las próximas elecciones, de presentarse ante los electores como paradigma de la resistencia democrática, como adalid del respeto a los usos de la convivencia occidental. Día llegará en que acuda a cualquiera de los platos embellecidos que le preparan sus conmilitones, y proclamará: “¡O Franco o yo!” ¿Lo ven tan lejos, tan imposible? No sean bodoques, lo tiene todo pensado. Su felonía en el homenaje a Parot, únicamente forma parte de su objetivo final: disolver España y homologarla a la Venezuela del increíble mendrugo, hijo del golpista Chávez, Maduro. Ambos, por cierto, cobijadores de ETA.

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