Hay historias que desde el principio, se sabe que van a terminar mal.
Y es que el tres, por asimétrico, es imposible que pueda funcionar más allá de unos días de impulsiva locura, no exentos de tórrida anormalidad; y que si bien gustaría eternizar, tan solo quedarán archivadas en la memoria, como historias que tal vez nunca debieron comenzar.
Retales sueltos de recuerdos, que por momentos reviven, cuando se combinan vejez con soledad, en un fútil y agridulce reencuentro con la fría realidad, una vez desnudada por el tiempo, de su pasajera morbosidad.
A mí me lo van a contar…
Y por cierto, hablando de asimetrías, no existe nada más asimétrico que la unidad; el uno; el número icónico de la soledad.
¡Qué podría salir mal! En fin, el tiempo dirá.

