Cuando el poder de las urnas apee del Gobierno a Pedro Sánchez Pérez-Castejón nos desprenderemos de un autócrata pero quedaremos huérfanos de un partido de izquierda que sea constitucionalista y, en consecuencia, que defienda que España es un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, cuya soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, y que tiene por forma política la Monarquía parlamentaria.
Y desgraciadamente será así porque el Puto Amo ha destrozado el PSOE que se refundó en Suresnes en 1974, creció con la añorada generación de Felipe González Márquez, Alfonso Guerra González, Francisco Vázquez Vázquez, Gregorio Peces-Barba Martínez, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Corcuera Cuesta, Javier Fernández Fernández, Joaquín Leguina Herrán, Nicolás Redondo Terreros, Javier Lambán Montañés, Guillermo Fernández Vara, Emilio García-Page Sánchez,… protagonizó la Transición y fue la columna socialdemócrata que, junto con la de la derecha, construyó la casa común de todos los españoles: la Constitución de 1978.
Como dijo Peces-Barba, la Transición y la Constitución fueron un pacto entre caballeros que primero lo traicionó Javier Arzalluz Antia y más tarde Jordi Pujol y Soley, razón por la que la Carta Magna tiene tantos agujeros. Además, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, con la ayuda de José Luis Rodríguez Zapatero y su apoyo al Pacto del Tinell, rompió el acuerdo no escrito entre PP y PSOE para que gobernase el más votado sin apoyarse en nacionalistas e independentistas (motivo por el que la Ejecutiva del PSOE obligó a dimitir a Sánchez de la secretaria general y por el que Rubalcaba bautizó a esa fórmula de gobierno como Gobierno Frankenstein). La fórmula de Pedro Sánchez Pérez-Castejón para mantenerse en la Moncloa con los apoyos de independentistas, populistas y filo terroristas es muy clara: Estado confederal iliberal de ciudadanos pobres, igualados por abajo, subvencionados, dependientes y controlados. Y cuando esta fórmula caiga dejará a España huérfana de un pilar socialdemócrata y constitucional.
Por eso es tan importante que el recién nacido partido Izquierda Española obtenga representación en el Parlamento Europeo en las elecciones del 9 de junio y después crezca y se fortalezca para obtener representación en las Cortes Generales cuando se celebren comicios nacionales. Su presencia es absolutamente necesaria para contar con una formación que propugne el trabajo digno, un Estado social fuerte y la igualdad territorial, como reza su eslogan para las europeas. Un partido de admirable y entusiasta gente joven y comprometida que considera “imprescindible frenar y revertir inmediatamente las cesiones a los nacionalistas”,…”que se opone a los privilegios territoriales y a amnistiar a una élite política corrupta”, que “defiende la integridad de España con garantía de igualdad y redistribución”. Un modelo “igualitario sin ciudadanos de primera y de segunda,.. Iguales en derechos y obligaciones y disfrutando de las mismas oportunidades y servicios” porque, como grita su programa, “¡Una España solidaria y cohesionada es posible!”.
Los restos socialdemócratas y constitucionalistas que queden del naufragio del PSOE pueden recalar en la ilusionante playa de Izquierda Española y ser el nuevo soporte que sostenga nuestro edificio constitucional porque sin él se caerá la admirable y envidiable construcción que levantamos entre todos en la Transición, perdonando, olvidando, pactando y mirando al futuro con optimismo.

