Vaticano

Determinismo teológico de Bergoglio

Párroco de Villamuñio, León.

Determinismo teológico de Bergoglio

En una entrevista anterior en la Cope, televisada en “13 Televisión”, el 21 de abril del 2025, el Papa Francisco declaró que “lo grave no es caer (en el pecado) sino en no querer levantarse”.

Esto, que parece convincente, es caer y sería más grave, no querer levantarse ni arrepentirse; la mejor solución, es no tener problemas.

El error teológico radica en su “determinismo teológico”, que niega la libertad humana (y su responsabilidad moral), por creerla incompatible con los atributos divinos y así, indirectamente identifica la explicación del pecado con la justificación del mismo, o sea, cree que el fallo moral del pecado, es inevitable y solo queda el intentar salir de él  levantándose. Solo faltaba que además de la caída, no  hubiese intención de arrepentirse.

El error, pues, es creer que el humano no tiene medios de inteligencia y voluntad, además de la gracia divina, que ayuda fortaleciendo nuestra voluntad, para superar la tentación pecadora.

Todo viene a demostrar el fallo doctrinal de Bergoglio, que margina la vida sobrenatural y reduce la religiosidad al plano del naturalismo horizontal, ajeno a la vida de lo sobrenatural. Así se explica que en su pontificado haya evitado la enseñanza de la recta doctrina católica, prefiriendo hablar del cambio climático o la permisibilidad de la ilegalidad de los emigrantes extranjeros, despreciando la justicia, a costa de una falsa caridad, o la bendición a las parejas homosexuales,  o la profanación de la basílica del Vaticano, rindiendo culto idolátrico a la Pachamama “madre de la tierra”, postergando irreverente a la Madre del Cielo.

Todo ello, poniendo  siempre una vela a Dios y otra al  diablo.

“Nadie puede servir a dos señores” y quien quiera dar gusto a los dos, solo demuestra una traición a la Verdad y a la Vida de quien es “el Camino, la Verdad  la Vida”, un espectáculo  de galería cara al populismo barato del sentimentalismo irracional.

El pontificado de Bergoglio no se ha caracterizado por el amor al adoctrinamiento católico del  riquísimo  fondo revelador del dogma y de la moral consecuente.

Sus escritos contra la doctrina evangélica (“Amoris Laetitia”), permitiendo la comunión sacrílega a los adúlteros vueltos a casarse, sin responder a las objeciones que cinco cardenales le pusieron al respecto (los “dubia”), sin respuesta alguna, demuestra sus afinidades con la masonería, de la que ha sido fiel monaguillo, como tirando piedras a su propio tejado, tratando de desacreditar el prestigio de la Santa Iglesia Católica, aireando supuestos casos de abusos sexuales en el  secular y universal colectivo del clero, en vez de callarse y reducir a casos muy particulares, objeto de denuncia personal a los excepcionales transgresores, si fueran ciertos.

Condenó la moral católica de la “pena capital”, revelada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento,  más los concilios dogmáticos de Toledo y el IV de Letrán (1215), dando gusto al populismo ignorante.

En Chica, contemporizó con los católicos subyugados por el sistema comunista, pero ignoró a los heroicos católicos chinos de la clandestinidad.

Busca más el  protagonismo que el pastoreo de la grey.

Y otra denuncia falsa, es la de haber dicho que el problema de la Iglesia, es la del “clericalismo”, dando a entender que la autoridad doctrinal y moral del sacramento del orden sacerdotal, haya que confundirlo con el sacerdocio común de los fieles (bautizados), negando el sacramento fundado por Cristo del sacerdote sacramental, ministerial, en la última Cena del jueves santo.

El intento de democratismo en la Iglesia, ya viene del malhadado Vaticano II, con su falsa colegialidad episcopal.

Cristo fundó su Iglesia monárquica, no democrática y por eso los últimos papas están a órdenes de las conferencias episcopales, sin creer en su poder independiente de las mismas y en la asistencia del Espíritu Santo, con poder definitorio dogmático.

El igualitarismo jerárquico no es cristiano, sino anárquico, masónico y autodestructivo.

Le ha faltado ostensiblemente la exaltación del misterio de la Cruz, esencia del espíritu evangélico seguidor de las huellas salvíficas de Cristo.

Al papa Bergoglio, había que haberle recordado la advertencia de Pablo (Cor. 1): “El mensaje fe de la cruz, es necedad para los que están en vías de condenación, pero para nosotros, los que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios”.

Es más fácil vender el populismo barato de la permisibilidad, dando gusto irracional a los cuatro vientos, que exigir las sagradas obligaciones del orden divino en la fe y en la moral.

Ni ha sido Doctor de la fe, ni ha confirmado a sus hermanos en la Verdad. Huellas indelebles del  tufo masónico. Firmaba con tres puntos en triángulo y unía los dedos corazón y anular, separados al estilo masónico.

No en vano, la Virgen de Garabandal (Cantabria), en los años del 1961 al  65, reveló que “el quinto papa tras la muerte de Juan XXIII, sería el falso profeta”.

Echen cuentas.

“Por sus frutos los conoceréis”.

En la gran concentración brasileña de la Jornada Mundial de la Juventud, JMJ, pronunció otra herejía: “La laicización de los Estados, favorece a la religión”.

El Syllabus de 1864 del beato Pio IX, condena la separación de Iglesia y Estado; y la encíclica “Quas  primas” de Pio XI de 1925, instituye la fiesta de Cristo Rey (de los Estados, las naciones y las instituciones civiles).

Este “montonero” bergogliano, arribado al Vaticano (por poderes ocultos) en una cuarta votación de conclave, anticanónica en un mismo día, atenta contra la fortaleza doctrinal católica, en el intento masónico de destruir la Iglesia de Cristo resucitado al que siguen persiguiendo para instituir su reino del NOM anticristiano.

Se están cumpliendo las profecías de Fátima en el tercer secreto, que Juan XXIII no quiso revelar, diciendo que: “No quiero ser profeta de desgracias”. Y es que ello va contra el Vaticano, como ya lo reveló la Virgen en La Sallete de Francia.

Estamos en la prueba de “el misterio de la iniquidad” (Tes. 2).

Pero no temamos. Nada imposible se nos pide. “El que persevere hasta el final, se salvará” (Mat. 10).

Jesús Calvo Pérez,

Párroco de Villamuñio, León.

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