No hace mucho me crucé con un antiguo compañero de colegio, el cual tras mirarme de arriba abajo me soltó a bocajarro, con esa fina entonación que cabalga entre la sorpresa y la envidia:
– Por ti los años no pasan, amigo Antonio; te veo muy bien. ¿Es que has hecho un pacto con el diablo?
La respuesta que le di, salió de lo más hondo de mí ser, acompañada de la mejor de mis sonrisas:
– ¿Pacto con el diablo? ¡Qué va! ¡Tan solo con Dios, y ya ves! ¿Para qué más? Deberías de probarlo…

