Recuerdo con nostalgia, aquellos tiempos en que, por aburrimiento, me gustaba ´liarla´. Aquellos tiempos cuando, al terminar la misa dominical, me iba directo a la sacristía, para sorprender a mi anciano párroco, con fruición contando, cuál personaje de Moliere, duros, pesetas, y hasta ´chavos´, del cesto de la colecta. Y cómo, con semblante austero, le soltaba aquella frase de Giovanni Papini que rezaba: “El dinero es el estiércol del diablo”. Y ya la teníamos liada. ¡Qué tiempos!
Giovanni Papini [1881 – 1956], controvertido pensador, periodista y escritor italiano del siglo XX, alcanzó su fama siendo un agnóstico convencido, a la par que un anticlerical declarado.
Sus artículos periodísticos, en la prensa de la época, fueron tremendamente provocadores, causando el escándalo de propios y extraños, e irritando, tanto a ateos de blasfemia diaria, como a devotos fieles diocesanos.
Sin embargo, y a pesar de su escepticismo, siempre sintió, a lo largo de su vida, un especial interés por el estudio de la filosofía, así como del proceloso mundo de las religiones.
Finalmente, en su incesante búsqueda, acabó por tener experiencias místicas, que se dice que fueron las que le condujeron a abrazar el catolicismo.
Giovanni Papini acabó ingresando en la orden franciscana de los Terciarios Capuchinos. Su último ensayo, publicado pocos meses antes de su muerte llevaba por título: “LA FELICIDAD DEL INFELIZ”, donde el controvertido autor preconizaba que la oración es el camino que lleva a la felicidad plena.
¡Que cierto! Prueba de ello, ahí están, los mártires del rosario de Ferraz, entre porrazos, gases lacrimógenos y multas, de rodillas rezando sin perder la sonrisa.
Personalmente, creo que Papini no andaba desencaminado, al tiempo que me doy cuenta de cuanto me resta para ser un buen cristiano. Es lo que pasa cuando, coloradas y agotadas las mejillas, comienzas a buscar un palo, más grueso que largo.

