Les llevó cuarenta años,
según relata la Biblia,
superar aquel desierto
¡esa sí fue travesía!
Al mando de Moisés,
sufridos israelitas
intentaban escapar
de la esclavitud egipcia.
Entonces no había coches,
autobuses, ni tranvías,
un pie detrás de otro pie
a un día siguió otro día,
hasta las mismas narices
de tanta arena estarían;
penas mil que se suceden
no supieron de alegrías
todo lo daban por bueno
pues la Tierra Prometida
les esperaba al final
del maratón que debían
realizar contra los vientos,
las serpientes, la fatiga
y demás inconvenientes
que la aventura tenía,
lo que supuso que muchos
allí dejaran su vida.
Se llegó a un final feliz
pues tras lograr la conquista
del soñado territorio
etapa nueva se abría.
Hagamos comparación
entre la gloriosa huida
en pos de la libertad
de un pueblo que prefería
morir, a la esclavitud,
y que triunfó en su porfía
y esta España que recorre
derechita hacia la ruina
un desierto agotador
por cada vez más cautiva
de una mafia miserable
fango bulos y mentiras,
que la lleva por rastrojo
como puta malparida
a la que no paga un duro
a todas horas, jodida.
En cuanto a la duración
semana abajo o arriba
les llevamos ya diez años
camina que te camina
cada vez más agotados
sin un respiro a la vista.
Para ellos fue la victoria
cuando el viaje finaliza
el desierto es derrotado
y a aquel Paraíso arriban.
Lo nuestro, por el contrario,
es seguro, no termina,
has tanto nos quitemos
al enemigo de encima;
Va a haber viaje para rato
cada vez más oprimida
una España, ya sin fuerzas,
presa de la tiranía.
Y, por si eso fuera poco,
cuentan con una jauría
de forofos insensatos
felices en la arenisca
de un desierto que los traga
y hermoso Edén imaginan.
Desiertos también estamos
de esperanza y de energía;
de otro Moisés que llegue
para servirnos de guía
a deshacer el camino
en libre y feroz caída
que lleva a la esclavitud
y nos sumerge en la envidia
de aquel pueblo que, orgulloso,
plantó cara a la ignominia.
Hay desiertos y desiertos;
cada cuál, el suyo elija.
