Manuel del Rosal García: «Dinero sucio procedente del mercadeo prostibulario»

Manuel del Rosal García: "Dinero sucio procedente del mercadeo prostibulario"

Se denomina dinero sucio a todo el dinero que se alcanza mediante procedimientos ilícitos. El dinero sucio, tras su obtención y un recorrido perfectamente estudiado, termina en unas cuentas corrientes en las que es blanqueado. Las gentes que se benefician de ese dinero carecen de moral, de empatía hacia los demás, de ética y de escrúpulos. Los hay que se benefician directamente y otros indirectamente; ambos son delincuentes, los unos por acción y los otros por omisión; los hay que, por allanarle el camino a ese dinero pútrido, se les llama judicialmente colaboradores necesarios.

La prostitución es una de las formas más abominables de obtener dinero sucio porque se obtiene ultrajando a mujeres y hombres. Robándoles su dignidad y su libertad de seres humanos, sin hablar de la explotación brutal a la que les someten.

Todos los días nos desayunamos con las noticias que van llegando inexorablemente de los negocios pútridos y malolientes del suegro de Pedro Sánchez con la prostitución pura y dura en la que todo tenía cabida siempre que se pagara por adelantado. Mejor no mencionar lo que en aquellas sórdidas habitaciones, saunas y clubes se realizaba con el sexo. Los beneficios después de gastos, que no de impuestos, eran brutales para los dueños de semejante negocio mientras, y como siempre, los chaperos y las prostitutas, a más de los innombrables, recibían las migajas del negocio.

El dinero seguía siempre el mismo camino desde la mano del que pagaba por sexo hasta el banco en el que ese dinero era blanqueado sencillamente: bastaba ingresarlo en una cuenta corriente que no era corriente. El banco no pregunta si el dinero huele, está sucio, viene de negocios normales y honestos, ni si hasta llegar a la cuenta corriente ha ido impregnándose de lo más purulento, sangrante y asqueroso de todo lo que mancha a ese dinero obtenido de una cadena de prostíbulos, cuyos dueños aparecen en la sociedad como unos más de los muchos ciudadanos que obtienen sus ganancias con trabajaos honrados, honestos y que pagan sus impuestos, cuando en sus pechos anidan la codicia, la perversión y la ausencia total de moral y ética.

El dinero que, tras recorrer el camino que va desde la mano del que o de la que paga por el servicio sexual, hasta la cuenta corriente, iba impregnándose de la grasa de las manos que pagaban, del sudor, las lágrimas y los fluidos corporales de quienes cobraban tras ser humillados, explotados, ultrajados y – en ocasiones – agredidos. Ese dinero infecto como esputos purulentos, dinero generado por la lujuria de unos y la codicia perversa de otros, pasaba de mano a mano desde el burdel hasta la cuenta corriente. Dinero espantoso que ha servido para hacer morir todos los días del año los cuerpos y las almas de personas. Dinero salido de esa nueva esclavitud que esclaviza cuerpos y almas. Ese dinero sucio sirvió para beneficiar a una pareja que se lucró sin preguntar su origen, sin reflexionar sobre los fluidos corporales que lo manchaban, las lágrimas que lo mojaban, las heridas que dejaron en hombres y en mujeres. Ese dinero lleno de pústulas permitió a unos perdularios recorrer kilómetros en el Peugeot, ese dinero pestilente sirvió para acallar conciencias – si es que tenían conciencia – de gentes que visten de Armani y que temían a las grabaciones de sus “actividades sociales” en las saunas.

Uno no puede menos que preguntarse si, aunque fuera en una sola ocasión, esas personas ajenas a una mínima ética y moral pensó en el abominable origen de ese dinero mientras, con poses y posturetas perfectamente diseñadas, se erigían en defensores de la mujer, estandartes del feminismo y -emulando a D. Quijote – en los ángeles protectores de viudas y doncellas.

Nunca podrán quitarse el nauseabundo olor de ese dinero obtenido mercadeando con la libertad y la dignidad de unas mujeres y hombres explotados inmisericorde. Y siempre vivirán con el peso de la ignominia esos que utilizaron el dinero prostibulario con la intención, entre otras innombrables, de pasar a la historia envueltos en la blancura impoluta. Si, pasarán a la historia de esta España esperpéntica apestando a cloacas, sumideros y vertederos donde crece el dinero sucio, grasiento, untuoso, repugnante obtenido mercadeando con mujeres, hombres y gays.

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