Este proverbio latino que traducido nos dice: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta” significa que una universidad no puede dar a nadie lo que le negó la naturaleza. Si una persona carece de inteligencia, memoria y capacidad de aprendizaje, la universidad no puede dárselas a esos alumnos.
Eso era antes, cuando el mérito, la dedicación y el esfuerzo, junto a otros valores y principios estaban valorados. Hoy, los títulos académicos se prestan, se compran, se venden, se manipulan, se modifican “ad hoc” para el objetivo a lograr.
El caso de Noelia Núñez ha destapado lo que todos sabían, pero que ninguno denunciaba porque la mayoría de los políticos que se sientan en el Congreso y en las directivas de los partidos tienen colgados CV más falsos que un billete de 15 euros. Desde Pedro Sánchez hasta Noelia, pasando por Oscar Puente y Patxi López, nuestros políticos han falseado sus Curriculum Vitae hasta convertirlos en Curriculum Fraudem.
Hoy y aquí en España, una generación de listillos carentes de la inteligencia fina de nuestros pícaros centenarios, se miran en el espejo y, quedando extasiados, se ven tocados por el dedo divino y, claro, ¡ancha es Castilla! Preparan un guiso de licenciaturas adobado con las especias de algún o algunos másteres y, con una cara como el hormigón y gestos beatíficos, hacen creer a los cándidos dirigentes del partido que, como ellos, nadie. Y esto es entendible desde el esquema mental del farsante, pero cuesta creer que los partidos, antes de entregar responsabilidades a estos tahúres de los CV falsos, no los hayan rastreado. Pero, claro, resulta en muchas ocasiones que los que tienen que hacerlo prefieren estar quietos porque ellos también son unos farsantes de libro.
No solo se debería poner bajo lupa los CV que presentan los candidatos a vivir del chollo de la política, sino que debería ser de obligado cumplimiento la presentación de su vida laboral. Puedo asegurar que, si salieran a la luz la vida laboral de nuestros políticos, de todos; nos quedaríamos absortos ante los días que figuran como que realizaron algún trabajo; algunos de ellos, estoy seguro, con una vida de trabajo en blanco, llevan mamando de las sinecuras políticas desde su más tierna infancia.
Tras casi 50 años de lo que aquí en España se llama democracia, la carcoma de los vividores a costa del erario público y acreditados por expedientes universitarios “fake”, está corroyendo los estamentos públicos y corroyendo los bolsillos de nosotros los ciudadanos que, con nuestros impuestos, pagamos “la dolce vita” “el dolce far niente” de unos perdularios vestidos con el falso oropel académico y desnudos ante la más mínima responsabilidad inherente a sus cargos. Son la carcoma que se come el edificio.
Si alguien piensa que, una vez descubiertas sus mentiras académicas, se acaban sus intentos de medrar, está muy equivocado. Si se trata de un militante dimitido u obligado a dimitir, pasará a ser tertuliano de esos que hablan como papagayos para no decir nada; si se trata de un ministro caído en desgracia, montará un lobby para seguir saqueando las arcas del Estado en connivencia con algún ex compañero de partido en el gobierno.
