Un pagafantas es un pringao, un don nadie, un mindundi. Es el pagano de todas las cosas y todas las causas. Viene esta palabra del joven que paga todo lo que la chica con la que sueña le pide en la esperanza de tocar pelo algún día, pero que ese día nunca llega mientras se multiplican los caprichos y exigencias de la chica. ¿Puede una sociedad ser tildada de pagafantas? Rotundamente sí. Como evidencia de este tipo de sociedad miremos a la actual sociedad española.
La sociedad española, desde la llegada de Sánchez al poder está formada por pagafantas, no buscando los favores de sus chicas, sino entregada a las promesas de un socialismo que solo busca implantar una dictadura para lo cual promete el mundo de la abeja Maya a quienes voten “progreso” “tolerancia” “ayudas sociales” “subsidios” “feminismo” y otras monsergas, milongas y música para canarios a cambio de que los ciudadanos paguemos con nuestros votos esperanzados lo que nunca va a ser así; como el chico pagafantas se deja explotar por la chica que solo busca su interés con la promesa nunca cumplida de dejarle tocar pelo. Mientras el chico pagafantas, deslumbrado por la chica de sus sueños paga y paga fantas y lo que haga falta esperanzado en conseguir el tan soñado momento, nosotros, los ciudadanos, pagamos con nuestros votos las políticas de este gobierno que, como la chica del pagafantas, nos promete cada vez que pone las urnas ante nosotros que tocaremos el pelo del bienestar, para luego; una vez obtenidos los votos que son las fantas de los pagafantas, olvidarse de sus promesas como la chica del gilipollas pagafantas, se olvida de él. Y es que esta sociedad es una sociedad pagafantas sin remedio.
Nuestra sociedad pagafantas no se da ni cuenta que su idolatrado gobierno “progresista” tan solo se acuerda de nosotros cuando se acercan las elecciones, utilizándonos como el “tonto útil” que, una vez obtenidos sus votos, es tirado a la papelera hasta la próxima convocatoria de elecciones,
Con la llegada de este gobierno de tinieblas hace ya siete años, los ejemplos que demuestran que esta sociedad es una sociedad pagafantas, son muchos. Seguimos pagando con nuestros impuestos a los prostíbulos, a las putas, a las mordidas millonarias salidas de nuestros impuestos, a la colocación de familiares y amigos pagados con nuestros impuestos, a las concesiones en dinero y en leyes a los enemigos de España como son los independentistas vascos y catalanes, pagados con nuestros impuestos, al igual que pagamos una TVE sectaria al servicio sumiso del gobierno. En un ejercicio de estupidez supina, nosotros, los ciudadanos, emulando al chico pagafantas, pagamos lo que no está escrito en la esperanza de alcanzar gracia y recibir alguna compensación que mitigue nuestra mala situación económica y social. Pagamos y callamos y, como el pagafantas clásico, nada recibimos salvo falsas promesas envueltas en papel de celofán de distintos colores. Y cuando recibimos algo tangible se trata de las migajas del banquete todo incluido que se montan nuestros gobernantes; a lo sumo el hueso que despectivamente tira bajo la mesa el comensal podrido de ansias de poder y codicia para que lo recibamos como perro sumiso.
Nos entregamos a la esperanza, vana y ridícula esperanza, de llegar a tocar pelo como el gilipollas pagafantas que, como no espabile va a morir virgen al igual que nosotros, como no espabilemos, vamos a morir mártires, Vale
