El Gobierno de Pedro Sánchez –asediado por los escándalos de corrupción que afectan a su entorno personal y político– prepara una nueva «Ley- mordaza» para blindarse de la crítica pública y del periodismo incómodo. Su objetivo no es la transparencia, sino el silencio. La “Ley Falcon” no protegerá a España, sino a su presidente, «el puto amo».
El periodismo libre o la libertad de prensa es el «cuarto pilar» básico y fundamental de cualquier democracia y, nunca es una amenaza. La transparencia del poder es una exigencia siempre , no una concesión arbitraria. Pero Pedro Sánchez —acorralado por la corrupción que salpica a su esposa, a su hermano, a su fiscal general, a sus ministros y altos cargos del PSOE— ha decidido que la solución no es rendir cuentas, sino amordazar a los que informan de la verdad y denuncian la corrupción del Gobierno.
«Ley Falcon» es el nombre informal y crítico que se le da a una ley que puede blindar con el sello de “secreto” de Estado cualquier información incómoda para el Gobierno, incluido el uso abusivo del Falcon –el avión presidencial para sus múltiples viajes particulares e incluso para asistir a conciertos– . De ahí el nombre que recibe esta ley.
Su nuevo proyecto legislativo — al que algunos ya llaman la “Ley Falcon”– pretende permitir al Gobierno clasificar como secreto cualquier información que considere «sensible» o potencialmente «peligrosa». ¿Sensible o peligrosa para quién? ¿Para la seguridad nacional o para la supervivencia política del presidente…? La línea es muy difusa… y eso es lo que pretende exactamente Pedro Sánchez: convertir el secreto de Estado en su escondite personal y en su seguridad particular.
Con esta norma, podrá decidir qué se publica y qué no. Podrá acusar a periodistas de poner en riesgo la seguridad nacional por revelar que su esposa Begoña, presuntamente, medió en sospechosas adjudicaciones públicas, que a su hermano se le adjudicó una plaza «a dedo» indebidamente, o, que su amigo el Fiscal General está imputado por supuesta revelación de secretos… ¿Qué será lo próximo que haga ? ¿Perseguir a los medios que no se alineen con Moncloa? ¿Encarcelar a los periodistas que no le bailen el agua…? ¿Cerrar redacciones y canales televisivos incómodos a lo Maduro, como en los regímenes autoritarios y republicanos latinoamericanos? Porque eso es lo que plantea la «Ley Falcon» encubierta bajo el barniz de la «seguridad nacional». Una ley pensada –no para proteger al Estado– sino para proteger exclusivamente al propio presidente del Estado.
La tentación autoritaria de Sánchez no es nueva: reformó el delito de sedición, intentó aprobar la amnistía para contentar a Puigdemont y a sus «separatistes nois», controló el Poder Judicial desde la Cámara Baja y nombró fiscal general a una ministra suya e interfirió en RTVE… Y ahora va a por el último bastión de la democracia: la prensa libre o el llamado «cuarto poder».
La estrategia es clara: silenciar el escándalo mediante el castigo legal al que se atreva a informar sobre determinados aspectos y acciones del Gobierno y de su estrecho círculo de fieles colaboradores para que asi –con su nueva Ley– la información sea y se convierta en delito y la verdad se desconozca. Lo que la «Ley Falcon» encierra –no es una política pública y transparente– sino un pánico personal: el miedo de un presidente que ve cómo las alfombras de Moncloa ya no pueden tapar tanta basura y corrupción como acumula, dia a día, su Gobierno .
¿Y qué hará Europa? ¿Qué harán los defensores de los derechos civiles? ¿Qué harán los grandes medios de comunicación, esos que callan mientras reciben subvenciones? Si Sánchez logra aprobar esta ley, todos seremos aún un poco menos libres. No será solo un golpe mortal a la Prensa sino otro, aún mucho más duro, al inviolable derecho de los ciudadanos –a saber la verdad y a estar informados libremente– y firmemente sustentado en la «división real de poderes» que Montesquieu expuso en su obra «L’esprit des lois», publicada en 1748.
Porque cuando un Gobierno — como en este caso pretende el de España– puede decidir qué es «secreto de Estado» y, qué es «delito» el contarlo y qué no es, ya no estamos hablando de «democracia» — con letras MAYÚSCULAS –sino de su caricatura más cínica y peligrosa. Aunque el sanchismo –se ha arrogado siempre y sin ningún tipo de ambage– la brutalidad del peronismo de … «Al amigo, todo, al enemigo, ni justicia», siempre nos quedará aquella célebre frase del «caballero de la triste figura» a su fiel escudero Sancho: ¡Cosas mayores veredes…que faran fablar las piedras!
