¿Queréis Ciencia? ¡Pues tomad dos tazas!
«Para el científico que ha vivido en la creencia del ilimitado poder de la razón, la historia de la ciencia concluye como una pesadilla. Ha escalado la montaña de la ignorancia, y está a punto de conquistar la cima más alta. Y cuando está trepando el último peñasco, salen a darle la bienvenida un montón de teólogos que habían estado sentados allí arriba durante bastantes siglos».
Esta cruel frase no es mía, sino que quien la dijo fue el científico Robert Jastrow [1925-2008], cuando era Catedrático de Astronomía y Geología de la Universidad de Columbia y Director del Instituto Goddard para Investigación Espacial de la NASA.
En la primera mitad del siglo XX, Albert Einstein defendía el modelo estático de un Universo, eterno y sin principio ni fin. Sin embargo, tras estudiar los descubrimientos de Georges Lemaître y Edwin Hubble, que demostraban que el Universo tuvo un principio y que desde entonces está en continua expansión, Einstein reconoció haber cometido lo que él llamó “su error más grande”, al introducir una constante cosmológica en la ecuación del Universo para mantenerlo estático.
Las evidencias de las que dispone la ciencia en la actualidad, respaldan la teoría de que el Universo tuvo un comienzo. Finalmente, Robert Jastrow, Catedrático de Astronomía y Geología de la Universidad de Columbia y Director del Instituto Goddard para Investigación Espacial de la NASA, concluyó que el Universo no era eterno, sino que apareció de repente en un momento determinado y que la teoría del modelo abierto (Universo en expansión) era «probablemente correcto», esto lo publicó el 25 de junio de 1978 en el New York Times.
A partir de ahí, el prestigioso científico, no se cortó un ápice a la hora de hacer manifestaciones públicas sobre el posible origen divino del Universo. Estas manifestaciones, al ser consideradas como “políticamente incorrectas” por los nuevos dioses mediáticos, propietarios de las grandes cadenas de comunicación, han pasado sin pena ni gloria, lo cual no es obstáculo – para que un servidor – las recoja y publique aquí y ahora. La colección de “perlas” no tiene desperdicio y cuando las vayan leyendo no piensen que las ha escrito un catequista con mala leche, sino uno de los mejores astrofísicos de la Historia.
“Hay cierta clase de religión en la ciencia… Esta fe religiosa del científico queda profanada por el descubrimiento de que el mundo tuvo principio”.
“La manera en que reaccionan estos científicos suministra una interesante demostración de la manera en que responde la mente científica —supuestamente una mente muy objetiva— cuando la evidencia que descubre la ciencia misma conduce a un conflicto con los artículos de fe de nuestra profesión. Resulta que el científico se comporta de la manera que nos comportamos el resto de nosotros cuando nuestras creencias están en conflicto con la evidencia. Nos irritamos, fingimos que el conflicto no existe, o tratamos de esconder el verdadero significado de la evidencia con palabras vacías.”
“Ahora vemos cómo la evidencia astronómica conduce a un punto de vista bíblico acerca del origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales del relato astronómico y el relato bíblico del Génesis son iguales: la cadena de sucesos que culminaron en el hombre comenzó súbita y abruptamente en cierto momento definitivo en el tiempo, con un estallido de luz y energía. Algunos científicos no están muy contentos con la idea de que el mundo haya empezado así… Pero la evidencia más reciente establece casi con certeza que la Gran Explosión realmente aconteció hace muchos millones de años.”
“A los teólogos les deleita el hecho de que la evidencia astronómica conduce a un punto de vista bíblico del Génesis… pero un hecho curioso es que los astrónomos están molestos.”
“Ante tal evidencia, la idea de que hay un Dios que ha creado el Universo es, desde el punto de vista científico, tan verosímil como lo son muchas otras ideas.”
“Considere la magnitud del problema. La ciencia ha probado que el Universo llegó a existir por una explosión que tuvo lugar en cierto momento. ¿Qué causa produjo este efecto? ¿Quién o qué puso la materia y la energía en el Universo?”.
“La prueba astronómica de un Principio sitúa a los científicos en una embarazosa posición, puesto que creen que cada efecto posee una causa natural […]. El astrónomo británico E. A. Milne escribió: ‘No podemos hacer conjeturas acerca del estado de las cosas [en el Principio]; en el acto divino de la Creación Dios no es observado ni tiene testigos’”.
“Para mortificación suya, [los científicos] no tienen respuesta clara, porque los químicos nunca han logrado reproducir los experimentos de la naturaleza sobre la creación de la vida desde materia inanimada. Los científicos no saben cómo sucedió eso”. “Los científicos no tienen pruebas de que la vida no haya sido el resultado de un acto de creación.”
Finalmente recojo la respuesta que dio Robert Jastrow cuando un periodista le preguntó: – “Qué sería la vida eterna para la humanidad: ¿una bendición, o una maldición?”. La contestación del científico fue inmediata:
– “Sería una bendición para los que tienen una mente indagadora y ganas ilimitadas de aprender. Saber que disponen de una vida eterna para absorber conocimiento les daría mucho ánimo. Pero para los que piensan que ya han aprendido todo lo que hay que aprender y son cerrados de mente, la vida eterna sería una maldición espantosa. No sabrían cómo ocupar su tiempo.”
Dejemos ya a Robert Jastrow, y reflexionemos un momento:
Algo sólo puede venir de algo; nada sale de la nada. Si alguna vez hubo un momento en que no existía nada [como predice el modelo del Big Bang], entonces por necesidad no habría nada todavía. Algo debe existir eternamente. Si “algo” existe eternamente, y el universo no es ese “algo”, “algo” que se asemeja al Dios del teísmo debe existir. Sin embargo, en lugar de rendirse ante la evidencia los ateos rechazan la demostración científica, y afirman que el universo debe existir eternamente, pero sin aportar nada que respalde su empecinamiento.
Ya lo reconoció, en un arranque de honestidad, el célebre gurú del ateísmo, José Saramago cuando dijo: «Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran».
Personalmente aplico la teoría de “La navaja de Occam”: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». O dicho con otras palabras: si hoy en día se sabe que el Universo no es eterno, sino que tuvo un principio y origen, ¿qué o quién había antes del famoso Big Bang, porque lo que sí que está claro es que nada puede salir de la nada.
BIBLIOGRAFÍA:
“GOD AND THE ASTRONOMERS” [Dios y los astrónomos], Robert Jastrow, Ed. W.W. Norton, Nueva York, 1978.

