Manuel del Rosal García: «¿Manga larga o corta? That is the question»

Manuel del Rosal García: "¿Manga larga o corta? That is the question"

Las tontunas de este país asolado por unos calores de castigo bíblico, unos fuegos arrasadores; por una corrupción asquerosa, por unos políticos cuyos expedientes académicos les han tocado en una tómbola y por una sociedad que todo se lo traga sin pestañear mientras haya para cervezas, terraceo y unos días para mojarnos el culo en las fecales aguas playeras, aunque tengamos que compartir piso porque pagar su alquiler o su hipoteca nos resulta imposible.

Mangas largas o mangas cortas es el último mantra que ha invadido las redes sociales, que más que sociales deberían llamarse: “redes subnormales”. Ya tiene el personal algo nuevo que sustituye a lo que anteriormente era nuevo para estrujar su magín como Hamlet se lo estrujaba preguntándose a sí mismo sobre el ser o no ser. Nosotros los ciudadanos no nos vamos a preocupar por las cosas que nos atenazan día a día, no. Nos vamos a preocupar, en un ejercicio de estupidez elevada al cubo, por una duda que nos va a corroer: ¿Mangas largas o mangas cortas?

Que la ciudadanía gaste sus potencialidades mentales en semejantes gilipolleces forma parte de su naturaleza, pero que sesudos tertulianos, sabios opinadores, columnistas de prestigio, intelectuales profundos etc. hayan entrado a saco en el tema, ya es manifiestamente preocupante para la salud mental de este país llamado España.

Creíamos que el verano iba a ser el tiempo del año en el que los mantras, acompañados de molinillos y crótalos invadirían todos los días estivales con la monocorde melodía de “la operación bikini” – otra gilipollez de manual– o de las “dietas milagro” estas, además de tontas, peligrosas para la salud.

Esto de la duda entre mangas cortas o largas durará lo mismo que dura un polvo: lo que dura dura. Y tras haber agotado todos los argumentos, los que viven de lanzar mantras a tutiplén, buscarán uno nuevo al que entraremos a saco nosotros los ciudadanos porque estamos vacíos por dentro y a lo más que llegan nuestras preocupaciones es a ver si aguantamos las 24 horas del día entre fútbol, cervezas y series de Netflix y HBO.

No se cómo estarán los demás países en el porcentaje de tontos que conforman su sociedad, pero si sé como estamos aquí en España, lugar donde tienen su asiento las tontunas más conspicuas y descabelladas emitidas intencionadamente por los centros de manipulación oficiales y no oficiales para llenar el profundo vacío existencial de una sociedad que no ve más allá de sus narices y no siente más arriba de sus ingles.

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