El disidente soviético Vasili Grossman sentenció que el totalitarismo no puede renunciar a la violencia, porque si lo hiciera, perecería.
La eterna, ininterrumpida violencia, directa o enmascarada, es la base del totalitarismo.
Yo por mi parte añadiría que un sistema que se sustenta en la continua presión, y violencia, del Estado hacia los ciudadanos, al poseer éste el monopolio legal de la violencia física, y de la violencia económica (multas), termina por agotar la fuerza de los primeros, y la paciencia de los segundos.
Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos.
A la guerra, como en la guerra.

