Pedro Manuel Hernández: «Mientras España arde… el Rey secuestrado por Moncloa»

Pedro Manuel Hernández: "Mientras España arde... el Rey secuestrado por Moncloa"

Cuando España arde —como ahora, con miles de hectáreas calcinadas, pueblos enteros evacuados y familias que lo pierden todo en cuestión de horas— lo lógico sería que la primera autoridad moral y simbólica del Estado, SM el Rey estuviera allí. No para dar órdenes ni tomar ninguna decisión —esa es tarea del Gobierno y de los Servicios de Emergencia que dependen de el —sino para cumplir con su función esencial, que es: «representar a todos, estar con todas las víctimas y llevar un mensaje de consuelo y reconocimiento a quienes luchan contra el fuego. Pero no –en nuestra Monarquía Parlamentaria– el Rey no puede dar un paso sin la santa bendición política de Moncloa y de su sumo sacerdote, Sánchez.

La Constitución lo dejó todo bien atado y en corto. El Art. 64, exige que «todos sus actos sean refrendados por el Gobierno». El Rey reina, pero no gobierna. Lo entendemos y lo aceptamos, pero lo que ya resulta una gran burla política es que ni siquiera en una tragedia nacional se permita a la Corona cumplir con su deber de estar al lado del pueblo que sufre y sin tener que esperar el permiso de un presidente ausente por vacaciones, con específicas funciones de un autarca y censor en toda la regla.

Miremos la escena: decenas de aldeas arrasadas, los agricultores que ven cómo se esfuman décadas de sus  esfuerzos, cientos de brigadistas jugándose la vida entre las llamas… y, mientras  el Rey, reducido a un mero papel decorativo y pendiente de que Moncloa decida si conviene o no que aparezca y le dé permiso. No es una exageración. En otras crisis recientes, las visitas reales se han visto retrasadas o, bien, filtradas según él interés o la conveniencia política del Gobierno, como si el dolor de los españoles necesitara ser gestionado por el marketing de Sánchez.

Esto no es solo un capricho legal, sino un grave problema político de fondo. El modelo actual convierte a la Corona en un rehén de la coyuntura política. Si el Gobierno teme que una visita del Rey dé visibilidad a lo que él intenta ocultar —la falta de medios, la negligencia en la prevención, el caos de las competencias autonómicas,…— basta con no dar el visto bueno y así, problema resuelto. Resultado: el Monarca queda ausente y el pueblo, huérfano de una presencia que debería ser muy necesaria, inmediata y natural.

¿De qué sirve una Jefatura del Estado si no puede estar en el lugar del desastre cuando su pueblo sufre y lo necesita…? ¿Qué valor tiene una institución que solo se mueve al ritmo que marca el cálculo electoral del inquilino de Moncloa…? Nos venden una falsa neutralidad, pero que, en realidad, es sumisión. Nos dicen que eso es estabilidad, pero, realmente, es bloqueo político. La Corona –bajo este régimen de mentiras y ataduras– corre el riesgo de convertirse en lo mismo que tantas instituciones capturadas y amordazadas por el gobiermo sanchista : ¡un mero e inútil decorado artificial!

La solución no requiere asacar nada o inventar algo nuevo. Bastaría con un «protocolo constitucional o reglamentario» establecido que libere al Rey de la mordaza gubernamental en situaciones especiales de grandes catástrofes nacionales.  Se trataría de un mecanismo automático: en caso de grandes  incendios, inundaciones, terremotos, atentados… SM el Rey estaria, de inmediato, en el terreno a pie de catástrofe…y luego, ya se refrendaría el acto legal y formalmente, si hicieta falta. Pero el pueblo, mientras tanto, habría tenido lo que se merece: la humana presencia directa de su SM el Rey, el Jefe del Estado, sin tener que esperar a que Moncloa calcule si conviene o no y dicte sentencia.

Los suecos lo resolvieron vaciando por completo de funciones a su monarquía, dejándola en lo meramente simbólico. Otros países permiten una mayor flexibilidad representativa. España –como siempre– se ha quedado en la peor de las opciones: ni la utilidad de un Rey cercano, ni la claridad de una figura simbólica. Solo un monarca maniatado y amordazado protocolariamente y dependiente del capricho del presidente de turno.

Todo esto se agrava porque el inquilino de Moncloa entiende el poder no como servicio, sino como el «control político» de los poderes del Estado. Sánchez ve en la figura del Rey un estorbo, alguien que podría brillar más que él en momentos de grandes crisis. Por eso prefiere tenerlo silenciado, amordazado , mantenido a la espera y reducido a la mínima expresión. Y mientras tanto, la gente y el pueblo llano —que sufre y padece las consecuencias– se queda sin esa voz y presencia que, por encima de ideologías, debería estar siempre presente y acompañarles.

Los incendios –seguirán por la negligencia e ineptitud del Gobierno central– arrasando bosques y aldeas, las DANAS inundarán pueblos, industrias y comercios y, siempre habrá tragedias inevitables. Pero lo que sí depende de nosotros, es decidir, si queremos un Rey útil o un Rey secuestrado y figurantev. Aunque hoy, la Constitución lo ata …mañana, el sentido común debería liberarlo.

En las grandes catástrofes no hay tiempo para el marketing político… hay solo una obligada e ineludible obligación social y política : estar al lado del pueblo y nunca enfrente . Al pueblo no lo representa Sánchez, sino que lo representa SM el Rey.

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Autor

Pedro Manuel Hernández López

Médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.

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