No sé si la educación puede salvarnos pero no conozco, decía Borges, nada mejor. Sin embargo, la gran paradoja de este tiempo es que las generaciones con mayor formación y medios de la Historia de España han generado los peores políticos, los peor preparados, alcanzando incluso el Gobierno una grey insoportable y deleznable que se limita a repetir consignas.
Y esto sucede porque la que triunfa hoy es la estrategia política de unos cuantos seres sin escrúpulos que apoyados por el hampa y unos cuantos conspiradores se han hecho con el partido financiándose ilegalmente. El arte de la guerra por otros medios.
Como no hay auténtica representación ni mandato ni menos aún capacidad de remover a nuestros representantes, ya no hay principios éticos. Sólo estrategia política. Estar dentro o estar fuera. Dentro está el Ytumás ineficaz. Fuera, la ancha España del sufrir y el esperar. No hay más.
Dentro, un Gobierno que no respeta el estatuto de la minoría, de la oposición, un gobierno que rechaza la alternancia y que, rodeado por la corrupción y la justicia, incita a la violencia, compartiendo con sus socios un objetivo común: dividirnos para retener el poder.
Resulta tan evidente y acreditado que así lo tiene declarado nuestro “Petrus in cunctis”, un maniobrero con esbirros y apoyado por un partido principal problema de este país que, en lugar de buscar la aspiración histórica, la concordia nacional, ha decidido construir un muro entre ellos y los demás, a quienes se unen los espantapájaros que a punto de abandonar la política se agarran todos al clavo ardiendo de Palestina para seguir pagando su chalet y su colegio privado, en lugar de alistarse, e ir allí a defenderla ellos.
Y con ellos las hordas organizadas de gente, esa “kale borroka” que poniendo en riesgo la vida de los ciclistas, continúan aguantándose las ganas de trabajar y estuvieron desaparecidos mientras ETA asesinaba a más de mil semejantes, si es que no colaboraron con aquella como el instigador de los gravísimos hechos sucedidos durante la Vuelta ciclista España o decían entonces, como ahora con el asesinato del activista Charlie Kirk, ”algo habría hecho.“
Toda esta grey ignora que la guerra no es un instinto sino un invento. Los animales la desconocen. Es tan institución y creación humana como la ciencia o la administración. La que llevó a descubrir la disciplina militar, de las que las demás disciplinas no son sino variantes. Y como toda forma histórica tiene su hora de invención y de superación. Antes de existir la esclavitud se mataba a todos los vencidos. Pero alguien decidió, en lugar de matarles, aprovechar su labor.
Si la guerra es una cosa que se hace, también la paz es una cosa que hay que hacer, que hay que fabricar. Un invento para solucionar determinados conflictos. Mientras no se invente otro medio, -y eso es lo que hay que hacer-, la guerra reaparecerá.
Pero toda esta gente que intenta traspasar a los demás sus rabias interiores confunden la paz con las subvenciones que reciben y por eso creen que la paz cae como la fruta del árbol. Pero es frívolo e inmoral pretender que se haga una cosa, sólo porque la deseemos. Como es frívolo pensar que la corriente de una derecha diferente que está surgiendo en toda Europa sea resultado sólo del capricho o la intriga.
Nuestro Petrus in cunctis, entrometido, maniobrero y perverso, huyó de su inanidad a través del plagio y el fraude aupado por la financiación de su suegro y luego de Venezuela a través de la corrupción para llegar a gobernar sin un solo pensamiento propio, favorecer los negocios de su mujer y vertiendo frases precocinadas por sus asesores sobre el pueblo español, un pueblo débil, con instituciones débiles conformadas por seres conformistas que las parasitan.
La única solución, decía Borges, es la educación. No conozco otra, decía. Y es cierto. Pero ante la evidente posibilidad de que el enemigo perverso y sin escrúpulos se cuele en la fortaleza del Estado Ortega añadía la necesidad de colocar “la Nación frente al Estado”.
En lugar de ir a pedir votos, se trata de acudir a ciudades y pueblos a incitar su honor urbano, a despertarles la voluntad de vivir su propia vida, a que defienda cada uno sus afanes, la suspicacia frente al poder, el afán de ser mejores, más fuertes, más ricos, frente a la autoridad que abusa y el Estado que usa de ellos, que diseña avenidas y alamedas sin siquiera consultar.
Proclamar la supremacía del «poder vital»: trabajar, saber, gozar, sobre todo otro poder. Aprendamos a esperarlo todo de nosotros mismos y nada del Estado. En suma, política de Nación frente a política de Estado. ¿Un ejemplo, decía el maestro? Inglaterra. Donde el Estado y sus instituciones son un adjetivo y nada más de la Nación. La organización frente a los abusos del Estado y sus dirigentes es la tarea que los españoles seguimos teniendo pendiente.
La labor más importante está pues fuera del Parlamento y del Gobierno, está en las ciudades y en los pueblos, tanto como en los medios que no sean correa de transmisión del poder o no tengan otro propósito que alimentar el ruido, la furia y las pasiones como negocio, contribuyendo así a la tarea hoy pendiente: inventar los instrumentos para sustituir la guerra por la paz y remover a los tiranos usurpadores que, transidos y demacrados, rodeados de corrupción familiar y de partido se resisten a abandonar el poder porque es la única defensa frente a la justicia que les aguarda por hechos abracadabrantes que aún no hemos acabado o incluso empezado a conocer.
